sábado, 26 de diciembre de 2015

Envidias...

Últimamente me ha llamado mucho la atención un hecho dentro del mundillo taurino: la tremenda admiración que siente el maestro Curro Romero por Diego Urdiales. Respetable. Muy respetable. Nadie duda de que Diego Urdiales es un gran torero. Eso está claro. Un torero de corte artista muy del estilo, salvando las distancias, del que en su día tuvo el “Faraón de Camas”. Hasta ahí todo correcto y, como digo, muy respetable. Cada cual es libre de elegir sus amistades y a quién quiere admirar. Correcto. A mi Diego Urdiales es un torero que siempre me ha gustado mucho. Que quede claro. Es muy puro y tiene un gran concepto artístico del toreo. También es irregular y de vez en cuando no lo ve claro y no resuelve, no sé si por falta de decisión o simplemente de valor. Pero repito: es un torero de mi agrado. El tema es que con tanto elogio de Curro Romero hacia Urdiales y con tanta presencia en sus corridas, he intentado ir más allá y me he hecho varias preguntas: Si el maestro de Camas admira tanto a Urdiales, ¿no debería admirar aún más a Morante de la Puebla? Debería admirarlo más y con más motivo: Morante es sevillano como él, es figura del toreo como lo fue él, es un artista consumado como lo fue él, de vez en cuando pega petardos como los pegaba él y con sólo una verónica levanta al público de sus asientos como lo hacía él. Rafael de Paula, por ejemplo, otro torero artista hasta la médula, sí que ha mostrado en más de una ocasión su admiración por el torero de La Puebla del Río. Incluso llegó a ser su apoderado durante unos meses. Entonces, ¿qué le pasa a Curro Romero con Morante? ¿Por qué no le alaba como a Urdiales? ¿Por qué no le sigue de plaza en plaza como a Urdiales? Alomejor lo que digo es una barbaridad, pero yo lo tengo claro: el torero que realmente le gusta a Curro no es Diego Urdiales, sino Morante, el problema es que siente enormes celos hacia él. Sí, eso pienso. Los celos, la envidia, el reconocer que Morante es mejor torero de lo que fue él....Eso es lo que le impide al “Faraón” admirar públicamente y hablar maravillas de Morante. Y es que casi nunca le he oído hablar bien del torero de la Puebla del Río. Es más, siempre se ha contenido mucho cuando le han preguntado por él y siempre le ha juzgado muy cicateramente. El toreo está lleno de envidias y, si encima eres del mismo sitio geográfico y eres rico y figura mucho más. Curro dice que le gusta Urdiales, un gran torero pero que no es sevillano ni es figura del toreo. Un torero modesto, vamos. ¡Ay si Urdiales fuera de Sevilla y mandara en la Fiesta! Quizás el Faraón no se desharía en elogios hacia él. Vamos, estoy seguro de que no. Algo parecido pasa con otros toreros que han sido figuras y que no reconocen la supremacía del que realmente les superó. Por ejemplo: cuando a “El Viti” y Paco Camino les preguntan por cuál es el mejor torero que han visto, siempre nombran al mismo. Es más, casi todos los toreros nombran al mismo: Antonio Ordóñez. Ni “El Viti” nombra a Camino ni Camino nombra a “El Viti”. Tampoco nombran a otros. Dicen Ordóñez porque no le han envidiado nunca, pero tampoco le han admirado realmente. Ambos saben de sobra que han sido mucho mejores toreros que Ordóñez y con una trayectoria muy superior a la del torero de Ronda. Y es que el torero al que realmente han envidiado ambos es a “Antoñete”. Mucho más puro y clásico que ellos, y con un final de carrera brillantísimo, mientras que ellos se fueron de mala manera. Pero de “Antoñete” no dicen absolutamente nada. Como saben que ha sido mejor, ni pío de él. Como tampoco hablan de Ángel Teruel, otro gran torero del que nadie dice nada porque no quiso hacerle la pelota ni a compañeros ni a periodistas. Teruel también superó a muchos y la envidia de esos muchos hace que no hablen de lo gran torero que fue. Según muchos, Teruel ha sido el toreo más importante de los años 70. Sin embargo, para todos el mejor fue Ordóñez, un torero con clase que se arrimaba poco. No quitaba el protagonismo a nadie. No competía. No molestaba. De “El Cordobés” casi nadie habla, mitad envidia económica mitad envidia de fama social, pero cuando les aprietan todos le alaban porque fue un buen torero con una buena mano izquierda del que estaban por encima en cuanto a pureza. Pero el “Benítez” jugaba en otra liga. De Diego Puerta, por ejemplo, sin embargo hablan maravillas tanto “El Viti” como Camino. Saben de sobra que estaba por debajo de ellos. Camino por ejemplo elogia hasta la saciedad a José Tomás y escarba cuando le preguntan por Enrique Ponce. ¿Por qué? Pues porque sabe de sobra que con los toros malos Ponce ha sido infinítamente mejor que él. Y eso molesta mucho. El toreo no dista mucho de la vida en sí. Es más, es un fiel reflejo de esta. Para bien y para mal. Con sus virtudes y sus bajos fondos. La envidia siempre ha existido entre las personas. Y los toreros, aunque siempre se hayan considerado héroes, nunca han dejado de ser personas. Con mucho más valor que el resto de los mortales, pero personas al fin y al cabo.

martes, 22 de diciembre de 2015

Presentado el libro "El crimen de los novilleros. Historia de una injusticia".

El pasado sábado 19 de diciembre se presentó en la sede de la Peña Taurina de Casasimarro mi libro "El crimen de los novilleros. Historia de una injusticia". Desde aquí quiero agradecer de nuevo a la Peña y a su junta directiva por el detalle de haber contado conmigo en esta edición de su tradicional día del socio. Gracias también a todos mis paisanos, que me mostraron su cariño y afecto en tan importante acto para mí. Siempre os estaré eternamente agradecido.

viernes, 11 de diciembre de 2015

Quiero pensar...

Vaya por delante mi admiración al maestro Paco Camino. La entrevista que hace unos días emitió Tendido Cero con él en dos partes ha levantado mucho polvo entre la afición taurina. Los ha habido que se han posicionado a favor del maestro y los que han sido críticos con sus palabras. Ni una cosa ni la otra. A mí sinceramente no me sorprendió su discurso porque sencillamente es el mismo que sigue manteniendo prácticamente desde que se retiró de los ruedos. Me explico. Para Camino todo está mal en el toreo desde que él no está en los ruedos. No digo que no lleve razón en parte de sus argumentos, pero en otros puntos se equivoca bajo mi punto de vista. Es cierto eso que dice de que ahora hay más compadreo entre los toreros. De que se dan besos en los patios de caballos y que no hay tanta competencia como antes. En eso estoy de acuerdo. Por lo que he visto, leído y escuchado de los viejos aficionados, el toreo antes era una guerra y los toreros salían al ruedo a destrozar a sus compañeros. Si alguno triunfaba fuerte en una plaza de importancia a los compañeros les fastidiaba. No podían ver que otra figura les diera en los morros. Mataban por quedar por encima de los demás. Y encima lo decían con sus caras de cabreo y sus palabras sinceras. Sobre todo en petit comité. Hoy esa competencia no existe. Hoy los toreros se dan demasiado jabón entre ellos y hasta se alegran del triunfo de los demás. Según Camino, hoy en día las figuras del toreo son amigos y antes eran enemigos. Hasta ahí de acuerdo con su pensamiento. Como también le doy la razón cuando dice que antes la Fiesta se promocionaba más que ahora, que era más culta de lo que lo es actualmente. También es cierto que los tiempos han cambiado y la mentalidad y valores de la gente no son los mismos que hace cincuenta años. Ahora la sociedad está más lejos de la cultura taurina que nunca y los propios taurinos no hacen nada para defenderla. Posiblemente lleva razón cuando dice que antes se luchaba por la Tauromaquia más que ahora. Como también acierta cuando dice que hoy se torea mejor que en su época. El toreo avanza como todo en esta vida. En lo que no estoy tan de acuerdo con el maestro es en otros aspectos que siempre cita cuando se le pone un micrófono delante: el toro y la emoción. Camino siempre dice que el toro de antes era más bravo que el de ahora, que tenía más peligro, que era más fiero. No sé porqué pero siempre se le olvida que en su época mataban animales que hoy en día no pasarían el reconocimiento ni en una novillada. Auténticos erales en muchos casos. ¿Que hoy afeitan a los toros? Sí. Pero en su época igual o más. Dice el maestro que en su época el toro se movía más. Claro, pesaba cien o ciento cincuenta kilos menos. Razonamiento lógico. Hoy sólo queremos ver el toro grande. Muy grande. Una moda que empezó en la plaza de toros de Las Ventas a finales de los años setenta y que se ha extendido sin remedio. Creo que el toro de antes no era más bravo que el de ahora. Al contrario: era más manso. Tenía más genio, no más casta. Conceptos distintos. El toro de antes se iba mucho antes a las tablas que el de ahora. También pasaba más rápido por los engaños, cosa que muchos piensan que da más miedo. Se equivocan. Cualquiera que se haya puesto delante de una becerra puede confirmar que se pasa mucho más miedo cuando esta pasa muy despacito. Y si ya es un toro ni te digo. Eso lo sabe muy bien el maestro Paco Camino y cualquier torero. Por eso me extraña que siempre repita el mismo discurso. ¿Cuándo se pasa más miedo si te tumbas en la vía del tren, cuando este viene muy rápido o cuando viene muy lento? Piensen. ¿Que el toro miraba más al torero antes que ahora? No lo creo. El toro sigue mirando a los toreros tanto como antes. Ahí están las cornadas que año tras año están sufriendo todos aquellos que se ponen delante. ¿Y la emoción? Está claro que cuando el toro de aquella época pasaba tan rápido por allí creaba mucha emoción. Pero hoy también la hay con toros de ganaderías denominadas “duras” y no tan duras que pasan despacito, lamiendo las zapatillas de los toreros en cada muletazo. En su época, ese toro famélico y escurrido tropezaba mucho más los engaños que ahora, y una faena se consideraba buena cuando el diestro le daba solamente tres o cuatro muletazos limpios. Y si no ahí están los vídeos. No se equivoque maestro. En su época también salía el toro noblote y soso. Acuérdese de las trifulcas que tenían las figuras de su época por matar los “Guirlaches”, como cariñosamente les llamaban a los toros de Galache por su comportamiento excesivamente dulce y sin peligro. No digo que hoy no salga ese toro dulce. Sale y mucho. Pero el que sale bravo es más bravo que el de su época maestro. Porque bravura es la capacidad de lucha del toro hasta la muerte. Y créame: hoy salen bastantes toros en casi todas las ganaderías con esa capacidad de lucha que antes no se veía tan asiduamente. Hablo de ahora, no de los años noventa donde la mayoría de los toros se caían ya en el capote. ¿Que antes se le pegaban tres puyazos a los toros y ahora uno o ninguno? Cierto. Como también lo es que la puya de ahora hace más daño que la de antes y que en su época los toros no sangraban ni la mitad de lo que sangran actualmente. Si se hubiera picado al toro chico de aquellos años con la puya actual otro gallo habría cantado y posiblemente usted y sus coetáneos no habrían llegado a las cotas de triunfo a las que llegaron. Por tanto, ni la época de ahora es tan mala ni la de antes tan buena y viceversa. En todas se han cocido habas maestro. Quiero pensar que su crítica al momento actual de la Fiesta es ley de vida torera, como duras fueron las críticas que toreros retirados de la talla de Domingo Ortega y Marcial Lalanda hacían cuando usted y sus compañeros estaban en activo. Supongo que cuando pasen veinticinco años escucharemos a El Juli, Morante y demás figuras poner a parir el toreo de ese momento si es que todavía sigue existiendo la Fiesta. Maestro, quiero pensar que es amor propio, envidia (sana o insana) de que ya no se está en el candelero y sobre todo orgullo torero por lo que hizo en su momento de máximo espelandor. Quiero pensar que le cuesta reconocer los méritos de los toreros actuales. Y quiero pensar eso porque lo que está claro es que los toros siguen cogiendo tanto o más como en su época. Y si está pasando eso es porque el toro, ni antes ni ahora, ha sido más o menos tonto. Los toreros de ahora también están cosidos a cornadas como usted maestro. No lo olvide.

viernes, 27 de noviembre de 2015

Besos y lágrimas...

Hace unos días, en un programa de radio, escuché decir al maestro don Santiago martín “El Viti” que hoy los toreros se besan y lloran mucho. Cierto. Una verdad como un templo. También vino a decir que antes los toreros no eran amigos y hoy sí, y que en los patios de caballos en su época no había miradas de amor y sí de “ojalá yo triunfe y tú tengas una tarde horrible”. Repito: más razón que un santo. Y es que hoy en día, en los patios de caballos y fuera del ruedo hay mucho compadreo. Incluso en el mismo ruedo. Está claro que cada torero quiere triunfar y quedar por encima de sus compañeros de cartel, pero no existe esa competencia que sí existía antes. Yo comencé a ver toros cuando era un mocoso a mediados de los ochenta y aquello era otra historia. Recuerdo perfectamente las miradas de los toreros en los patios de cuadrillas cuando mi padre me llevaba a ver a su amigo del alma Julio Robles. Miradas de “te voy a reventar” entre los toreros de esa tarde. Saludos fríos, casi inexistentes. Ni una palabra entre ellos; ni cómo está la familia ni cómo se dio ayer en tal o cual plaza. Nada. Tan sólo miradas que mataban. Y si en el transcurso de la tarde alguno triunfaba, los otros dos se morían de la rabia. Sí, les jodía. Deseaban que pincharan mil veces y perdieran las orejas. No podían soportar un triunfo de otro que no fueran ellos mismos. El toreo antes era más egoísta. Aquella frase de “cornás pa' todos” que popularizara el gran torero venezolano César Girón al comienzo de los paseíllos nos puede dar una idea de cómo se vivía el toreo en otras épocas muy lejanas ya. Y es que antes existía la envidia mala, no la buena. Y se decía. Y se notaba en las caras de los toreros. No digo que hoy no exista esa envidia mala. Seguramente que también, pero se disimula más y se dice que es de la buena aunque por dentro uno se esté pudriendo de rabia. Hoy hay más falsedad, o lo que es lo mismo, más compadreo como ya he dicho. El maestro “Viti” también comentó en su entrevista que hoy los toreros lloraban demasiado. No le falta razón. Y es que parece que la rabia de haber pinchado a un toro de triunfo emociona más a la gente si se exterioriza con lágrimas. ¿Demagogia? Pues puede ser. El torero debe emocionar con lo que haga con capote, muleta y espada, no con sus llantos dando la vuelta al ruedo. El provocar compasión no es cosa de toreros. Aquí no hay que dar pena, aunque estés tieso y todo a tu alrededor sea ruina. Llorar no te va a dar más contratos. Tampoco van a pensar que eres más puro o más valiente que los demás. Un torero es un hombre que se juega la vida y precisamente por ello debe mantener siempre la compostura. Antes, durante y después. No sé la rabia que debe sentir un torero cuando pincha un toro de dos orejas porque nunca lo he vivido. Pero sí sé que he visto a muchos malograr grandes faenas y no se les ha caído una lágrima. Luego en el hotel seguro han roto puertas a puñetazos y se han pasado la noche llorando. Pero nadie les ha visto. “El Viti” reconocía en la citada entrevista que un torero, si tiene ganas de llorar, debe hacerlo en privado, cosa con la que estoy totalmente de acuerdo. Y lo estoy porque un torero es un héroe, de los pocos héroes que quedan hoy en día. Y los héroes no lloran. Más que nada porque queda muy feo. Ya estamos el resto de los mortales para llorar por cualquier tontería. O ellos mismos en su vida fuera de los ruedos. El traje de torear es sagrado y cuando un hombre se lo pone es precisamente por eso: porque es un hombre. Un hombre superior al resto de los hombres. Al resto de los humanos. Un torero. Un ser superior.

viernes, 20 de noviembre de 2015

Una buena forma de soñar...

Qué forma de clavar la barbilla en el pecho. Qué forma de acompañar. Qué manera de sentir. Qué ritmo, qué compás. Qué cadencia. Qué manera de torear. Muy pocas veces en mi vida he visto torear tan bien como lo hizo Diego Urdiales el pasado domingo en la Méjico. Repito: muy pocas. Y es que no se puede torear más lento, más templado, mejor. El torero de Arnedo puso de manifiesto -para aquellos que aún lo dudan-, que el toreo es ante todo un arte. Cierto es que el toro de Bernaldo de Quirós fue excesivamente dulce. Muy noble y bondadoso. Sin demasiada casta. Si hubiera tenido un poco más de raza y trapío, la faena habría rozado la perfección. En eso estamos todos de acuerdo. Pero el toro de Méjico es el toro de Méjico. Aún así pensar: estamos hartos de ver tanta vulgaridad en el toreo. Ese toro al que Urdiales le armó el “gazpacho” no le habría valido a casi ningún torero. Porque si es difícil torear a un toro bravo, no es menos difícil emocionar y de qué manera con el toro medio, ese que traza la línea entre los toreros del montón que no dicen nada y los elegidos. Repito: con ese toro nos habrían emocionado tres o cuatro toreros sólo, y la mitad están ya retirados. Me emocionó y mucho la faena de Diego Urdiales a ese toro. Me dejó atónito. Y cuanto más la veo más me gusta. Diego es probablemente uno de los toreros que mejor torean en la actualidad, si no el mejor, al menos en ese tipo de toreo estético y artístico. Luego ya los gustos de cada aficionado hacen que a uno le emocione más un tipo de espectáculo que otro. Pero eso ya es otra cosa. A mí particularmente me ponen los pelos de punta tanto una faena de lucha titánica entre Rafaelillo y un miura como una de Morante o Urdiales ante un buen toro del tan denostado encaste mayoritario, siempre y cuando este no sea la tonta del bote y albergue ciertas dosis de bravura. Si no habéis visto la faena de Urdiales en la Méjico os animo a que lo hagáis. Es una buena forma de soñar...

miércoles, 18 de noviembre de 2015

¿Cuál es el motivo?

La negativa de El Juli a dejarse televisar en la plaza de toros de Méjico ha traído cola entre los aficionados estos días. Unos dicen que ha sido para que nadie viera los animalejos que allí se iban a lidiar esa tarde. Otros aluden a un desacuerdo en el tema del dinero de los derechos de imágen. Los hay que van más allá y se atreven a decir que Julián lo que pretende realmente es ser como José Tomás en el tema de la televisión. Es decir, prohibidas las cámaras porque se desvirtúa el espectáculo cuando este es en televisión y no en vivo y en directo a pie de plaza. Hay también quien no dice nada y guarda silencio. Entre ellos el propio torero y su entorno. Y para rematar el asunto, Movistar Plus mira para otro lado, no dice ni mu y aquí paz y después gloria. Recordemos que la cadena lleva tiempo vendiéndonos que vamos a poder ver toda la temporada mejicana de forma íntegra, cosa que no va a ser así. No sé, algo se me escapa. En este sentido, la misma cadena sí que debería de haber dado una explicación, al menos a sus abonados, los cuales pagan religiosamente sus cuotas mes a mes. Que menos que eso, sabiendo que, repito, ni el torero ni su entorno van a dar una explicación. Pero olvidemos la cadena de televisión en sí y centrémonos en los motivos por los que EL Juli no se deja retransmitir en la Méjico. Particularmente no veo lógico que lo haya hecho para que no veamos lo que mata allí. Es un razonamiento absurdo porque tarde o temprano lo íbamos a ver. ¿O no? ¿Quién no ha visto el vídeo de esa tarde mil veces? ¿Quién no ha visto cien fotografías de los toros de Fernando de la Mora que Julián mató en esa corrida? Lo hemos visto todos. Por tanto no me vale esa explicación. Carece de explicación lógica, como también está vacío de fundamento el hecho de que quiera seguir la línea trazada por José Tomás al considerar que el aficionado debe ir a la plaza y no ver la corrida por televisión. Y carece de lógica porque aquí en España se deja retransmitir sin problemas por Movistar Plus -al menos ahora y de momento-. Todos los que hemos visto una corrida por televisión y en la plaza, estaremos de acuerdo que no tienen nada que ver. No hay nada como ver un espectáculo -sea el que sea-, en directo. Todo se magnifica. Las emociones son mucho más intensas. La televisión es demasiado fría, demasiado insensible, aunque también tiene sus aspectos positivos. Pocos, pero los tiene. ¿A quién no le gusta que le repitan una serie de muletazos, los detalles de una cornada o una jugada de un partido de cualquier deporte? En consecuencia, la televisión también tiene sus ventajas. Yo aun así me sigo quedando con el espectáculo en vivo y en directo. El problema es que todo el mundo no puede ir a una plaza de toros, bien por la distancia bien por el elevado coste de las entradas en determinadas plazas. Y ahí viene el problema. En estos casos la televisión se hace necesaria. Guste más o guste menos. Más que nada porque si queremos que la Fiesta tenga máxima difusión las cámaras deben estar presentes. Si no en todos los espectáculos, al menos en los más importantes de la temporada europea y americana. No soy quien para aventurar nada, pero lo de Juli en la Méjico me huele más a temas de derechos de imagen, ya que tampoco me cuadra esa máxima de José Tomás que parece que él quiere seguir de que si se retransmite en abierto por una cadena pública sí se deja televisar. Julián lo hizo hace unos meses en Cáceres en su encerrona benéfica, pero no veo esa explicación ahora en América. Más que nada porque por Canal Plus/Movistar Plus se ha dejado televisar infinidad de veces. Por consiguiente y, como ya he apuntado antes, todo esto de Méjico debe ser por tema monetario. Desconozco lo que se cobra por derechos de imágen en la plaza de la Avenida de Insurgentes. En cualquier caso no debe ser mucho ya que los honorarios de los toreros por torear no son tampoco demasiado elevados en comparación con otras plazas. En definitiva, lo que ha molestado al aficionado ya no ha sido el no poder ver un mano a mano sin demasiado interés. Lo que ha molestado -y sobretodo al abonado a Movistar Plus-, ha sido la ausencia de explicaciones tanto por parte del torero como de la propia cadena de televisión. Y es que casi siempre lo que duele no es el hecho en sí, sino el motivo por el que se produjo...

jueves, 12 de noviembre de 2015

¿Existe el sistema?

Estoy empezando a pensar seriamente que lo del consabido y siempre dado por hecho sistema taurino cerrado es como los Reyes Magos: en realidad son los padres. Me explico. Reconozco que siempre he tenido la convicción de que existía un sistema cerrado en el que no se permitía entrar a nadie que no fuera figura del toreo. Ya sabes: los carteles siempre con los mismos. He denunciado este hecho y lo he criticado en innumerables ocasiones. Creía a ciegas que existía. Ahora no es que piense lo contrario, está claro, pero estoy empezando a ver fantasmas donde antes no veía nada. Guste más o guste menos, la irrupción brutal esta temporada de Alberto López Simón ha cambiado en cierto modo el panorama taurino. Y es que algo se está moviendo. Algo está cambiando. Los cimientos de la Fiesta se están tambaleando. Lo de López Simón este año ha sido la llave que les va a abrir a muchos toreros jóvenes con proyección la puerta de los carteles de relumbrón. López Simón ha hecho camino para que los Garrido, Roca Rey y varios más puedan saborear lo que hasta ahora estaba prácticamente prohibido para los noveles. Las figuras por fin se han convencido de que el cambio generacional es posible y necesario. Pero lo han hecho no porque piensen que están en la etapa final de su carrera. Lo han hecho porque este año han roto en grandes toreros varios chavales que merecen a la fuerza estar ahí. Nos hemos hartado de pedir todos estos años que los jóvenes entraran en los carteles de las figuras. Nada. No lo hemos conseguido. Tan sólo Iván Fandiño logró entrar en algunos (pocos) después de que el aficionado lo haya pedido de una manera insistente y repetitiva. Por desgracia, Fandiño no acabó de cuajar en esos carteles porque sencillamente muy pocas veces estuvo al mismo nivel que las principales figuras del toreo. Con Saúl Jiménez Fortes y Juan de Álamo pasó algo parecido hace un par de temporadas. Otros intentos baldíos. Todo esto me y nos debe hacer reflexionar. Debemos preguntarnos porqué desde la irrupción de Talavante hasta este preciso momento ningún torero ha sido capaz de ponerse a la altura de las seis o siete primeras figuras del toreo. La respuesta es muy sencilla: desde la aparición de Talavante en 2006 hasta el día de hoy en que han roto muy fuerte toreros como López Simón, José Garrido, Roca Rey y alguno más, no ha habido nadie que le haya puesto las perras al cuarto a los que teóricamente mandan porque se lo han ganado. Así lo pienso. Ahora muchos dirán que si en estos años varios toreros con proyección de futuro han sido vetados por las figuras, que si les han echado la zancadilla en los despachos, que si esto, que si lo otro... Perfecto. Yo también lo he creído. El problema es que no tengo pruebas para demostrarlo y lo que a día de creo es que si alguna figura se ha negado a torear con uno de esos supuestos toreros emergentes que en realidad no lo era ha sido precisamente por eso: porque no lo era. Ya no me creo eso de los vetos porque los que están ahí arriba, sobre todo tres o cuatro de ellos destrozan en el ruedo al más pintado. Hasta este año. Como digo, llevábamos mucho tiempo sin varios toreros tan interesantes como los que han roto esta temporada. Y ante eso nadie se puede negar. Ante eso los carteles se abren solos. Las puertas de esas corridas se caen de la fuerza que hace la afición y de las patadas que le pegan los toreros emergentes que sí tienen fuerza, proyección e interés de verdad. Aquí las medias tintas no valen. O tiras la puerta de una patada o ni te molestes en llamar. Si no vas con esa disposición no te hacen ni caso. Las figuras saben lo que cuesta llegar hasta ahí y no van a compartir cartel con cualquiera. Tan sólo con los que la afición y las empresas piden a gritos. Repito: a gritos. Lo que pasó el día 17 de septiembre en Albacete es la confirmación de algo que ya venía fraguándose y que esa tarde definitivamente reventó. Ante la baja por cornada de Miguel Ángel Perera, todo el mundo pidió a López Simón y a José Garrido para compartir cartel con El Juli. Estoy seguro que hasta este último también lo pidió y si no lo hizo, lo vio de gran agrado. Estos sí que se merecían entrar en ese cartel. Por tanto, permítanme dudar de la existencia de un sistema cerrado. Permítanme que desconfíe de ello. Ya no me vale aquello de que las figuras torean juntas para asegurarse el “no hay billetes”. Este año se ha demostrado que la inclusión en esos carteles de relumbrón de un torero que es novedad e interesa de verdad -repito: interesa de verdad-, no deja cojo un cartel a priori de máxima expectación. El aficionado quiere ver competencia real entre toreros. Se esté más o menos de acuerdo, desde Talavante no había irrumpido con tanta fuerza ningún torero como este año lo han hecho los que he citado.. Veremos a ver si es cierta la previsión que todo el mundo hace con respecto al año que viene. La temporada de 2016 debe ser la del cambio definitivo y la de la renovación de escalafón y carteles. Yo confío en que así será. De lo contrario volveré a pensar que los Reyes Magos sí que existen y que todo esto es definitivamente un lodazal putrefacto donde no se puede aguantar ni un minuto más.

jueves, 29 de octubre de 2015

No vendan humo

A lo largo de esta temporada que acaba de finalizar se han montado varios escándalos por parte de cierto sector de la prensa taurina y de la afición por el hecho de que determinados Presidentes no han concedido la segunda oreja a ciertos toreros que, casualmente, son figuras del toreo. Dichos sectores han puesto el grito en el cielo poco menos que culpando a esos Presidentes del fin de la Fiesta. “Es que no estamos para ir robando orejas”, “la Fiesta no está para ponernos tan rigurosos”, “con esta actitud se echa a la gente de las plazas” o “la Fiesta en estos momentos necesita más triunfalismo y menos rigurosidad”, son algunos de los argumentos que se han ido esgrimiendo cada vez que desde un palco se negaba la segunda oreja pedida por la mayoría de la plaza. Se me vienen a la cabeza los casos de El Juli en Bilbao y el de Alejandro Talavante en la recién concluida Feria de Zaragoza. En primer lugar, es bueno recordar que según el Reglamento Taurino, la concesión de la segunda oreja es potestad del Presidente. Que sí, que éste debe de tener en cuenta muchos factores como por ejemplo la petición del público, pero en este caso, a diferencia de la concesión de la primera oreja, la petición mayoritaria y enfervorecida del público no es determinante. Si un Presidente no concede la segunda oreja sus motivos tendrá. ¿Que se puede equivocar? Por supuesto. Pero él es quien tiene la máxima autoridad y como tal tiene el poder y la obligación de decidir. Como digo, se pueden equivocar y se equivocan, pero en absoluto son ellos los culpables de la decadencia de la Fiesta. Es amoral e indigno señalar a un Presidente como el causante de todos los males de la Fiesta cuando no le concede la segunda oreja a la figura de turno. Y el caso es si cabe más flagrante porque cuando esa segunda oreja no concedida es a un torero de segunda fila no se arma tanto revuelo ni se demoniza en exceso a los Presidentes. ¿Cómo es eso entonces? ¿Cuando se lo hacen a una figura del toreo sí y cuando se lo hacen a un modesto no? Me lo expliquen por favor. El doble rasero, que diría aquel. Por tanto, no vendan humo señores. No tiren piedras contra nuestro propio tejado. Los Presidentes rigurosos no van a acabar con la Fiesta. Ellos no son los culpables de que a esto vaya por mal camino. Tranquilos: la Fiesta no se va a extinguir. Ya en su día algún que otro Papa y algún que otro Rey la prohibieron y el pueblo llano la volvió a resucitar. Si señora Carmena: ese pueblo llano y obrero, de ideología progresista y comunista mayoritariamente, los cuales han sido los auténticos salvadores de la Fiesta Nacional, no esa derecha que tanto odia y a la que responsabiliza de la continuidad de un espectáculo tan culto como el de los toros. No me quiero desviar del tema. Perdón. Como digo, la Fiesta no se va a acabar porque un Presidente no le conceda la segunda oreja a una figura del toreo. La Fiesta acabará cuando no vaya gente a las plazas. Con esto no minimizo la responsabilidad que tienen los Presidentes cuando por la mañana en los corrales aprueban una corrida indigna para una determinada plaza -como ha pasado precisamente en Zaragoza estos días con alguna que otra corrida-. Aún así también habría que preguntarse quién o quienes son los culpables de estas cosas. Las presiones y los chantajes por parte de los apoderados y las empresas hacen que los Presidentes sean a veces marionetas al servicio de los interesados. Pero de todos es sabido que los presidentes por las mañanas están atados de pies y manos si esa tarde quienes torean son las máximas figuras del toreo. Los ganaderos también. Así esta esto. Así seguirá. No obstante, repito: tranquilos. Esto no se va acabar. Ni por culpa de un Presidente ni por culpa de un apoderado o empresario corrupto. No mientras quede una sola persona en el mundo capaz de ponerse delante de un toro y otra capaz de presenciar esa lucha heroica y única.

jueves, 15 de octubre de 2015

Las dos Fiestas...

A veces me llama poderosamente la atención el contraste que puede llegar a producirse entre dos espectáculos taurinos. En los dos hay toros y toreros. En los dos hay público y más o menos aficionados. En los dos hay banda de música, un presidente y sus respectivos asesores. Aparentemente todo es igual. Hablamos por tanto de lo mismo: un espectáculo taurino. Pero he aquí que las diferencias no tardan en salir a la luz. Siempre he defendido que cualquier torero, repito, cualquier torero que se pone delante de un toro se juega la vida. Eso está claro. En consecuencia, cualquier torero merece de mis respetos. Pero en una tarde de toros hay más cosas que quien es capaz de percibirlas cae en la cuenta de que no siempre es lo mismo. De que hay diferencias insalvables que hacen que este espectáculo parezca otro en según qué plazas, con qué toro y con qué toreros. La emoción, el peligro, el miedo, lo dramático, la sensación de desasosiego cuando un torero está delante de un toro bravo de verdad, con las dificultades que provoca la casta... Todo ello, sin embargo, contrasta con esas tardes de “clavel”, donde la nobleza y la sosería del toro -a veces también hasta su pobre presencia-, borran de un plumazo esas emociones duras y las convierten en alegría constante, tranquilidad, triunfalismo...Porque sí amigo: en nuestra Fiesta hay dos Fiestas. La del tragantón y la de la felicidad constante. Si la Fiesta de los Toros es tan grande es porque dentro de ella se dan situaciones y circunstancias para todos los gustos. Y ojo: todos absolutamente respetables. Pero amigo: esto no es fútbol ni patinaje artístico. Aquí supuestamente se muere de verdad. Y la obligación de los toreros y los taurinos en general es velar porque esa sensación de enfrentamiento con la muerte sea real. Ahí está la grandeza de la Tauromaquia. Un toro te puede dar la gloria en minutos pero también te puede matar en segundos. Debemos de preservar ese gran patrimonio trágico que sólo nuestra Fiesta posee. En el momento en el que este se pierde o se devalúa no somos nadie. Está bien “normalizar” la Fiesta a los días que corren, adaptarla a nuestros tiempos, pero sin perder su esencia. Aquí se muere de verdad como digo y se debe de seguir muriendo. Otra cosa bien distinta es “banalizar” la Fiesta, arrastrarla y quitarle su importancia, esa que la hace única e irrepetible. Cuidado con esas cosas. Como digo, de vez en cuando, al ver dos espectáculos taurinos, tengo la sensación de que no estoy ante lo mismo. Curiosamente en uno suelen estar las figuras del toreo y sus ganaderías predilectas y en otro otro tipo de toreros de supuesta menor categoría con ganaderías por lo general más encastadas, tanto en bueno como en malo. Y si la categoría de la plaza es menor la diferencia aún es más plausible. Hoy en día se están dando algunos espectáculos en plazas de segunda y tercera categoría que son totalmente denigrantes tanto para el toro que sale por toriles como para el público que paga su entrada. Y es que parece que cuando no hay demasiados medios de comunicación presentes todo vale. Ojo: que seguro que hay gente que prefiere ese tipo de espectáculo light con tal de ver a la figura de su predilección. Todo como digo muy respetable aunque no comparta ese modo de ver la Fiesta de los Toros. A la plaza la gente va a ver al toro, al torero o a los dos. Yo soy partidario del no radicalismo ni en un sentido ni en otro. Ni el toro sería tan importante si no hubiera un torero delante, ni este sería un héroe si no se pusiera frente a un toro. Ambos son los protagonistas de este espectáculo y por tanto hay que escrutar a ambos. Pero las sensaciones, los miedos, las emociones deben de ser únicas. Irrepetibles. Cada tarde se debe de salir de una plaza de toros con la sensación de que hemos visto algo muy grande. Un animal fiero y un hombre valiente, poderoso y artista. Creerme que sin ese tipo de sensaciones esto no vale para nada. Como diría un amigo mío una vez que le llevé por primera vez a una de esas corridas light: “para aburrirme me voy a la ópera”, con todos los respetos a este noble arte. Sin embargo, otro día le llevé a otro tipo de corrida y el cuento cambió. “Esto ya es otra cosa” -dijo. Y aunque sólo sea por el morbo de tener la sensación del peligro que desprende un torero que se juega la vida a carta cabal con un toro, ha vuelto a la plaza. Eso sí, sólo a ese tipo de corridas. La gente suele captar lo que ocurre en una plaza de toros, independientemente del grado de afición que se tenga. Otra cosa es el conformismo o el inconformismo de esa persona en cuestión. Lo segundo mantiene viva la llama de lo que se ponga por delante. Lo primero la apaga sin oportunidad de reavivarse. Y en esas estamos...

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Un arrepentido...

Dice el refrán que "arrepentidos los quiere Dios". Pues yo me arrodillo en este mismo momento ante Manuel Escribano y le muestro mis disculpas. Me explico. Cuando Escribano explotó aquella tarde del 21 de abril de 2013 en Sevilla ante el sexto toro de Miura de nombre "Datilero", yo tuve mis reservas. Reconozco que aquella tarde me gustaron las maneras del torero de Gerena, pero lo veía todo como recubierto de un halo de espectacularidad y poca pureza. No sé si fue por su variedad con el capote o por el simple hecho de poner banderillas, el caso es que no me lo tomé muy enserio y le di un cuarto de hora en esto. Me parecía que era muy vulgar, que toreaba muy rápido y que no tenía nada que me llamara la atención. Fui muy crítico con él durante las temporadas de 2013 y 2014, a pesar de que cortó orejas en casi todas las plazas, algunas de ellas tan importantes como Pamplona. Sinceramente me molestaba su constante sonrisa al tendido. Pensaba que le estaba restando importancia a algo tan serio como jugarse la vida ante un toro. Incluso llegué a pensar que esa sonrisa era forzada para ganarse más fácilmente el favor y la benevolencia de los públicos. Como digo, no me duelen prendas en decir que fui muy injusto con él y a veces hasta un tanto irrespetuoso con su figura. La tremenda cornada que sufrió el 8 de septiembre de 2013 en la localidad abulense de Sotillo de la Adrada y que a punto estuvo de costarle la vida nos estremeció a todos. Pero como digo, yo le seguía viendo un torero muy mediocre. Pero fue a finales de la temporada pasada y a lo largo de toda esta de 2015 cuando me ha hecho cambiar de opinión. Ya en las últimas corridas de 2014 comencé a darme cuenta de dos cualidades que antes no tenía o que simplemente yo no había sabido verle: poder y temple. Cada vez le intuía más temple. Cada vez le veía más poderoso. Y cuando ambas cosas se juntaban aquello resultaba extraordinario. Todo ello sumado a mucha garra y raza torera. Está claro que Escribano no es figura del toreo, ni siquiera está en los primeros puestos del escalafón de matadores, pero no hay duda de que está funcionando porque atesora cualidades de sobra para ello. Posiblemente aquellos años desde que tomó la alternativa en Aranjuez en 2004 hasta que explotó en Sevilla en 2013 en los que estuvo en el banquillo sin torear, le forjaron como lo que es hoy en día: un gran torero. Si no se aburrió durante esos largos nueve años es porque su afición y su voluntad de ser algo en esto no le permitieron desfallecer. Simplemente él creía en sus posibilidades y esa creencia ciega en sí mismo le ha dado la razón. Qué cierto era aquello que decía el maestro Antoñete de que "el banquillo o te curte o te pudre". Yo ahora disfruto con este torero porque prácticamente siempre le veo por encima de sus enemigos. Además, es un torero que no hace ascos a ninguna ganadería y que mata cualquier encaste. Y con todos los toros la misma receta: poder, suavidad y temple. Mucho temple. Ese que le da fuerza al toro que no la tiene y le quita al que le sobra. Como digo, me equivoqué con Manuel Escribano. O quizás no supe ver sus cualidades innatas desde un principio. Pero ojo, esto no quita a que si un día le veo mal le critique. Eso sí, con más respeto de lo que lo hacía antes. Yo, que tanto me creo que se de toros, no paro de errar y de cometer tropelías taurinas. Mi consuelo es pensar en aquella frase que dijera el genial Papa Negro, padre de la dinastía Bienvenida: "de toros no saben ni las vacas". Pues eso.

jueves, 17 de septiembre de 2015

El que está ahí...

Siempre he pensado que el que tiene algo es porque se lo merece. Como en todo, también puede haber excepciones, aquellas que confirman la regla. Pero en general y en mi opinión, es así. En el mundo del toro igual. Yo siempre he sido y seguiré siendo muy crítico con las figuras del toreo. Sí, esos ocho o diez toreros que están ricos y que tienen una o varias fincas de muchas hectáreas. Les critico cuando matan corridas de toros indecentes, cuando juegan con el aficionado, cuando sólo se anuncian con únicamente dos o tres ganaderías, cuando cierran los carteles entre ellos y no permiten entrar a ningún chaval que viene arreando. Y lo critico porque sencillamente esos actos son criticables. Eso sí, también tengo muy presente que los que están ahí es mayoritariamente por sus logros dentro del ruedo. Todos tienen algo que les diferencia del resto. Todos han hecho algo muy importante a lo largo de su carrera que no han hecho otros. Algunos de ellos tienen un halo especial que no tienen los demás. Incluso muchos de ellos tienen el cuerpo cosido a cornadas. Con la segunda fila de toreros, es decir, aquellos que no son figuras pero que están ahí muy cerca de ello, pasa algo parecido. Están ahí porque ese es su lugar. Ni más ni menos. Y cuando uno de esos toreros de mitad del escalafón consigue los logros suficientes para ponerse en figura pues se pone. Esto ha sido así siempre. Si repasamos la historia del toreo, podemos comprobar que cada torero ha acabado ocupando su puesto merced a sus condiciones y a lo que ha hecho en los ruedos. Quizás hace unos años el cortar dos orejas en Madrid te ponía en el disparadero de las ferias y te hacía figura del toreo. Pues puede ser. Pero lo cierto que es que esa condición de nueva figura del toreo era momentánea: tenías que ganarte tarde a tarde la consolidación en ese nuevo puesto de privilegio. Cuántos toreros han salido en volandas por la puerta grande Las Ventas y nunca han llegado a ser figuras del toreo. Y es que para conseguir ese estatus hay que tener algo que no todos los toreros tienen: regularidad. La tan temida y difícil regularidad acompañada de ciertas dosis de suerte. Por tanto y, casos raros aparte, el que está en un lugar determinado es porque es ese el lugar que debe ocupar. El que mata las denominadas corridas “duras” está ahí porque es con ese toro con el que brilla. Cuántos casos de toreros de ese corte no han brillado con el toro mal llamado “comercial” y han tenido que volver a su lucha, donde ellos son especiales. Y al revés también ha pasado. Muy pocos toreros a lo largo de la historia se han adaptado a todo tipo de toros, más fieros y menos, más difíciles y más fáciles. Y curiosamente si ha habido alguno de este corte tan poderoso, ha sido una figura del toreo, no un torero de segunda o tercera línea. Sé que lo que cuento es difícil de aceptar y que quizás no estés de acuerdo con lo que digo. Lo respeto. Pero es que estoy cansado de creer que tal o cual torero merece estar en una situación mejor, incluso en figura, ver pasarle el tren de la gloria más de dos veces y continuar en el sitio en el que estaba. Nunca el dicho de “la cabra siempre tira al monte” ha sido tan cierto como en este caso. Podemos criticar todo lo que queramos a las figuras del toreo de todos los tiempos: si han estado ahí es por algo. Igual que el que mata una o dos corridas de toros al año y el resto del tiempo se lo pasa sin torear. Cuando está en casa es por algo. Aún no conozco yo a ningún matador de toros al que no se le haya dado ni una sola oportunidad en una plaza de más o menos relevancia. Estarás pensando que la suerte también juega un papel muy importante en este mundo. Evidentemente que sí. Pero créeme: incluso en tardes donde la suerte es esquiva para los toreros, siempre se ve algo, siempre se puede intuir algo. Cuántos novilleros y matadores se han puesto medio a funcionar o a funcionar del todo después de una tarde en la que aparentemente no ha pasado nada pero donde el ojo certero de un buen taurino ha visto algo fuera de lo normal. Multitud. Y cuántos chavales han cortado orejas por un tubo incluso de matadores de toros en plazas de relevancia y no ha pasado nada. Multitud también. ¿Por qué? Pues porque en el toreo se mira más allá de las simples orejas. En el toreo siempre tiene que haber lugar para la intuición. Hay que ir más allá de lo aparente. Hay que tener claro cuándo se está bien y cuándo se está muy bien. En el escalafón hay muchas filas y salvo casos muy concretos cada torero ocupa el lugar que le pertenece. ¿Que se puede subir de categoría? Por supuesto. Otra cosa es que uno sea capaz de mantenerse en ese nuevo estatus. Para eso, como diría aquel, hay que tenerlos muy gordos...

viernes, 4 de septiembre de 2015

Carta abierta a Saúl Jiménez Fortes...

Basta ya Saúl. Esto no puede ser. Debes de reflexionar. Lo primero, curarte bien de la tremenda cornada que te han pegado de nuevo en el cuello. La segunda en apenas tres meses. Esto no es normal. No es normal que siendo tan joven y con tan pocos años de alternativa lleves ya catorce cornadas en tu cuerpo. El peaje que estás pagando es excesivo. Yo lo paso mal cada vez que te veo torear. Y como yo mucha gente. Está claro que a los toros uno no va a comer pipas ni a divertirse como el que va al cine, pero a los toros tampoco se va a que te de un infarto. Porque una cosa es la emoción que provoca la lidia de un toro bravo y fiero y otra muy distinta es ver al torero cogido en cada muletazo. Y eso no puede ser Saúl. Necesitas replantearte el sufrimiento constante al que sometes a tu familia y a la gente que te quiere y admira. La época de los gladiadores ya pasó hace cientos de años. Ahora ya nadie va a la plaza a ver morir a un torero, o al menos nunca queremos que eso suceda. Creo que en tu corta carrera taurina has demostrado sobradamente que eres uno de los toreros más valientes que han pisado los ruedos a lo largo de la historia. Yo prefiero que dentro de muchos años se te recuerde por eso a que tu nombre evoque al de un torero torpe al que le cogieron muchísimo los toros. Te los pasas muy cerca. Cierto. Expones mucho, y eso tiene su riesgo. Pero no es menos cierto que el toreo consiste en desviar la embestida y evitar que el toro te coja. Para eso tenemos la inteligencia y las facultades que el animal no tiene. Yo no dudo de tu inteligencia Saúl: yo dudo de tus facultades. Yo dudo de tu lentitud de piernas, de tu evidente falta de reflejos, de tu incapacidad para salir airoso ante una inminente voltereta. Dudo de todo eso Saúl, y esa duda me provoca miedo. Miedo a tu integridad física por encima de todas las cosas. Miedo al sufrimiento de tu familia, a los corazones cansados de tus padres. A los ruegos constantes de tu hermana a la Virgen. A esa cara de sufrimiento de Nemesio, constantemente pálido y desencajado. Creo que todos ellos se merecen un descanso. Creo que te mereces un descanso. Quién sabe: quizás necesites una, dos o tres temporadas de descanso, curar las heridas de tu cuerpo y de tu alma, reflexionar sobre lo que quieres conseguir en el toreo. Pensar cómo quieres que te recuerden cuando pasen muchos años. O tal vez, en ese impás de tiempo, te das cuenta de que ya lo has conseguido todo y que no necesitas volver a vestirte de luces. Soy consciente de que no soy nadie para aconsejar nada y mucho menos a un torero, que se juega la vida por voluntad propia y sin que nadie le obligue a ello. No obstante, sé que no harás caso a nadie y que dentro de muy poco volverás a vestirte de torero. Porque los toreros sois así: tercos como vosotros solos cuando se trata de llevarle la contraria a los médicos y a vuestra propia familia. Eso sin duda os hace grandes. Por algo sois lo que sois y por eso todavía muchos os seguimos considerando a día de hoy los auténticos héroes del siglo XXI.

jueves, 20 de agosto de 2015

Indignos de una miurada...

El pasado sábado tuve la suerte -o la desgracia, según se mire-, de asistir a la corrida de Miura que se lidió en Villarrobledo. Digo suerte porque la ganadería de Miura siempre ha sido una de mis ganaderías predilectas y siempre es un lujo y un gusto para la vista contemplar en directo un animal tan bello y espectacular. Y digo desgracia porque aquello fue todo un despropósito. Por supuesto, en ello no tuvieron nada que ver los toros que pastan Zahariche. Y es que la organización del festejo fue indigna de una corrida de tan insigne hierro. En primer lugar, al acceder a la plaza, nos encontramos con un cartel en el que ponía que los dos primeros toros de la tarde habían resultado "no utiles" para la lidia. Por lo tanto, deducimos que habían sido rechazados en el reconocimiento y que por tanto sólo veríamos cuatro miuras. Primer cabreo. Por supuesto no tenía intención de devolver la entrada, pero no pude evitar sentir una ligera decepción. En ese mismo papel, se anunciaba un sobrero de la ganadería "Herederos de Gregorio Garzón", que por otra parte nadie conocía. La corrida debía empezar a las siete en punto de la tarde y se retrasó hasta las siete y veinte minutos de la tarde. Un señor con un papel manuscrito en el que decía "estamos esperando a la ambulancia", se paseó por todo el callejón para dar cuenta del motivo del retraso. No voy a ser yo el que diga que lo de ambulancia no era cierto, pero lo que sí pude observar es que a eso de las siete y cinco de la tarde, cuando el inicio de la corrida se retrasaba ya varios minutos, el mayoral de Miura, Antonio, salió de su burladero en el callejón y se introdujo en el interior de la plaza de toros por la puerta de cuadrillas. Desconozco a dónde fue y cuál fue el propósito de su visita. un minuto antes de arrancar el paseíllo, Antonio estaba de nuevo en su burladero del callejón. A todo esto, la banda de música tampoco estaba en su lugar en el tendido antes del inicio de la corrida, como es preceptivo. Llegaron diez minutos tarde entre los abucheos y el enfado generalizado de la gente. Así las cosas, se abrió la puerta de cuadrillas y aparecieron los toreros. Otro dato significativo: no había alguacilillos. En cualquier pueblo y en cualquier plaza de toros, incluso en las becerradas, siempre hay alguien que montado a su caballo hace el despeje simulado. Aquí no. Algo que por otra parte quedó muy feo y muy poco taurino. Tampoco había programas de mano para ver el orden de los toros ni por supuesto hubo tablilla anunciadora con los datos de los animales que iban a saltar al ruedo. Cuando el segundo toro de Miura fue injustamente devuelto a los corrales por una supuesta cojera que no existía, nadie supo de quién era el sobrero. Los dos primeros miuras, los que supuestamente habían sido rechazados en el reconocimiento, saltaron al ruedo para ser lidiados. Curiosamente ambos toros se pasaron toda la lidia orinando, algo por otra parte no habitual. Desde los tendidos varios aficionados gritaron: "¡analizar el agua!". Daba la impresión de que a esos dos toros les habían dado algún diurético -medicamento para orinar abundantemente-, o de que les hubiesen inflado a agua. El Presidente del festejo tampoco se enteraba mucho que digamos. Y es que andó algo despistado. Aparte de su excesiva generosidad al conceder trofeos -se dieron demasiadas orejas a mi entender-, y de cambiar los tercios sólo con dos y tres banderillas en el lomo del toro, en más de una ocasión hizo esperar varios segundos a los matadores al saludarle con la montera en la mano porque él estaba mirando para otro lado. Los asesores, tanto el veterinario como el taurino, también dejaron mucho que desear, ya que daba la impresión de que no tenían ni idea de lo que en el ruedo estaba ocurriendo. Los acomodadores tampoco sabían de qué iba la película ya que no entendían muy bien cómo iba eso de las barreras, contrabarreras y tendidos bajos. Allí todo era fila 1. Un señor en silla de ruedas tuvo muchos problemas para acceder a la plaza porque no se encontraban las llaves de la rampa de minusválidos. En fin, un despropósito todo. En lo estrictamente taurino, hay que decir que la segunda parte de la corrida fue mejor que la primera. En los tres primeros toros hubo mucha psicosis, sobre todo por parte de Curro Díaz y Miguel Tendero, los cuales les dieron mucha leña en el caballo a sus toros. Curro en concreto no quiso ni ver a su primer Miura, el cual como ya he dicho fue injustamente devuelto. Con sus segundos enemigos estuvieron algo mejor. Al menos más confiados. Rafaelillo anduvo sobrado toda la tarde. En definitiva, resultó una corrida muy interesante sobre todo en cuanto a toros, con varios ejemplares bravos y de muy buena condición, incluido el sobrero de Herederos de Gregorio Garzón. El tercer miura en concreto sembró el pánico en el ruedo por su fiereza y allí corrió hasta el más pintado. A este toro en concreto le puso un gran par de banderillas Javier Perea. A pesar de todo, salí con cierto sabor agridulce. Contento porque había presenciado una buena corrida de una de mis ganaderías preferidas. Cabreado porque el marco y las circunstancias donde estos toros míticos se habían lidiado no habían sido todo lo dignas que merece tan emblemático hierro. Una pena. Tomen nota para la próxima, empresarios...

lunes, 10 de agosto de 2015

Las mentiras de los antis...

Estoy cansado de las mentiras que día tras día vierten a los medios de comunicación las plataformas de animalistas y antitaurinos. Para ellos cobra especial relevancia ese dicho que dice que una mentira mil veces repetida se convierte en una verdad. Y lo peor es que ellos mismos se lo han creído de tanto decirlo. Me refiero evidentemente al consabido tema de las subvenciones en tema taurino. Según ellos, la Fiesta de los Toros está subvencionada por los poderes públicos y las administraciones, cosa que es rotundamente falso. Sí que es cierto que en determinados municipios, muy pocos, la verdad, sus respectivos Ayuntamientos dedican una ínfima cantidad económica para ayudar a la organización de los espectáculos taurinos. Pero también es cierto que esa cantidad suele ser tan baja que no sirve para cubrir ni una cuarta parte de lo que cuesta montar un festejo. Y eso es tal cual. Los animalistas y los antitaurinos tienen en la supuesta ayuda de los poderes públicos su arma más mortífera, alegando que con sus impuestos no van a colaborar en la según ellos tortura pública de un animal indefenso como es el toro bravo. Pues no: ni el toro es un animalito indefenso ni sus impuestos van al sufragio de un espectáculo taurino porque sencillamente no hay tal desviación de dinero o subvenciones a dicho fin. En cambio ellos sí que trincan de las administraciones públicas y hay que decirlo sin tapujos. Las verdades a la cara y sin paños calientes. Las organizaciones antitaurinas son las más subvencionadas de cuantas existen. O dicho de otro modo: pillan pasta de todas partes. Ellos que tanto gritan eso de que los toros están fuertemente subvencionados resulta que son los que más dinero reciben con el fin de organizarse e intentar acabar con la Tauromaquia. En primer lugar, tienen una subvención del extranjero muy importante, tiene organizaciones en Holanda, en Suiza, que les dan auténticos dinerales. Por si fuera poco, además reciben dinero de todas las administraciones españolas. Sin ir más lejos, nuestro querido Ministerio de Agricultura subvenciona concretamente a cinco organizaciones antitaurinas. ¿Fuerte no? Y es que dicho Ministerio a quien debería subvencionar no es a los antitaurinos, sino a la propia agricultura y por extensión a los ganaderos, incluyendo evidentemente en este grupo a los ganaderos de reses bravas. Pero no, a estos no se les hace ni puñetero caso no sabemos con qué malévolo fin. Quizás se esté persiguiendo la muerte por inanición de la crianza del toro de lidia. No sabemos qué clase de teclas tocan las organizaciones antitaurinas en el Ministerio de Agricultura para estar representados en sus mesas y recibir dinero público para su cruzada contra la Tauromaquia. Así de hipócritas son dichas organizaciones antis y animalistas. Y ello sin hablar del tremendo apoyo mediático que reciben en los medios de comunicación. Nadie habla de que en una tarde de toros en tal o cual ciudad hay ocho, diez o veinte mil personas asistiendo a una corrida de toros y sí que se resalta y se les da publicidad a los quince o veinte antitaurinos que hay protestando contra la Fiesta de los Toros en la puerta de tal o cual plaza de toros. Lamentable. Pero en el tema de los medios de comunicación mejor no entrar porque todos, o la gran mayoría, están politizados. Esa es la gran mentira por tanto de las organizaciones antitaurinas: dicen que los toros reciben subvenciones y los que realmente las reciben son ellos para sus fines no siempre transparentes. ¿Por qué con mis impuestos tengo que colaborar a que se intente prohibir algo que amo profundamente? ¿Acaso es esto justo? Si quieren intentar abolir la Tauromaquia que lo hagan con sus propios medios, autogestionándose como hacen muchos empresarios taurinos cuando organizan una feria taurina. Y si se palma dinero pues se palma, como todo hijo de vecino que se arriesga en una tarea incierta. Pero que mi dinero se destine contra mí mismo no lo tolero. Y tú, aficionado, tampoco deberías tolerarlo...

jueves, 23 de julio de 2015

Sentir...

Llevo mucho tiempo dándole vueltas a este tema. La verdad, me gustaría aplicármelo a mí mismo. A veces lo consigo. Otras no. Así de patético y de irregular soy a veces. El caso es que los que vamos de aficionados de verdad deberíamos despojarnos de tanto prejuicio técnico para sentir más. Sí, has leído bien: sentir. Emocionarnos. Perturbar nuestro espíritu para bien o para mal con lo que sucede en el ruedo. Personalmente me encanta analizar el toro: su comportamiento desde que sale de toriles, su expresión, si humilla o no, cómo entra y sale de los engaños, su recorrido, la presencia o ausencia de bravura, de fiereza, de nobleza...Algo parecido me ocurre con los toreros: estudio minuciosamente su colocación, sus toques, la firmeza de sus zapatillas, su entrega...Pero he aquí que la mayoría de las tardes, cuando arrastran al último toro, me pregunto: ¿qué he sentido? ¿qué emociones hay en mi interior? Como te puedes imaginar, me doy la callada por respuesta. Y siempre me repito:”hay que sentir más”. Y es que hay que estar más atento a lo que uno siente y a las emociones que invaden su interior en cada momento de una tarde de toros. Con cada toro. Con cada torero. Analizar al toro y al torero es algo que está muy bien y que debemos hacer, pero sin olvidar las emociones que estos generan en su baile con la muerte. La Fiesta de los Toros es un espectáculo que genera sentimientos. Toda ella es sentimiento. Y los puede haber de todos los tipos: miedo, angustia, alegría, eclosión, belleza sublime... Todo ello se puede dar en una misma tarde de toros. En cada momento. En cada instante. Es por ello que deberíamos sentir más, mirar con más frecuencia hacia nuestro interior y saber qué está pasando por nuestra alma. No dudo de que la mayoría de los aficionados a este espectáculo posee altas dosis de sensibilidad. Sólo así se entiende que amemos como amamos este rito. Pues bien: utilicemos esa sensibilidad para sentir, para captar en el ambiente lo que está sucediendo en el ruedo. Para recoger lo que toro y torero están intentando transmitirnos. Demasiadas veces vemos faenas que no han sido técnicamente perfectas pero que nos han transmitido algo muy grande, algo muy pasional. Por lo que sea. Por las circunstancias que sean. Por el viento, la lluvia, las dificultades de un toro, la entrega de un torero... En esos momentos se olvidan los enganchones, la pulcritud del trasteo, el que por momentos ese torero haya estado mejor o peor colocado...Ha habido emoción, la que sea, la que cada uno haya sentido, que por otra parte suele ser la misma en la mayoría de los aficionados. Despojémonos por tanto de tanto prejuicio. Utilicemos nuestros ojos como el espejo a través del cual el alma mire lo que ocurre en el ruedo. Sintamos rabia, miedo, grandeza, alegría, decepción. Pero sintamos. Evidentemente lo que un torero nos transmite estará en relación con su técnica del toreo. No es lo mismo que éste se pase al toro a centímetros de las femorales que a un metro de distancia. Está bien percatarse de ello, escudriñar cada paso del matador. Al final sus actos en la plaza serán los que generen en el aficionado unos sentimientos u otros. Démonos cuenta más por tanto de lo que sentimos en cada instante. Dejémonos llevar por el alma. En eso por ejemplo es en lo que envidio al aficionado neófito y a aquel que no entiende a penas de los conocimientos técnicos del toreo. Su mente y su espíritu son compartimentos vacíos que se llenan de emociones cada tarde de toros más allá de normas o preceptos. Ese es el que posiblemente más se emociona cuando algo grande pasa en el ruedo y el que más se cabrea cuando no salen las cosas, mientras que los que vamos de entendidos perdemos el tiempo en analizar detalladamente cada fase de la lidia, cada capotazo o muletazo de tal o cual torero. Analicemos por tanto pero con más sensibilidad, dejando que sea nuestro espíritu más que nuestra cabeza el que valore lo que acaba de ocurrir en la arena. Sólo así seremos más grandes como aficionados. Sólo así podremos hacer más grande a la Tauromaquia. Tanto que la podremos equiparar al arte más excelso, condición que indudablemente tiene pero que a veces olvidamos en nuestro empeño de racionalizarlo todo. Piensa menos. Siente más. Porque esto de los toros es para sentir. No lo dudes. Y hablando de sentir, yo particularmente he sentido poco en la recién concluida Feria del Toro de Pamplona. Y es que precisamente ha fallado el toro. En algunas corridas por presentación y hechuras (El Tajo y la Reina y Garcigrande) y en otras por comportamiento (casi todas). Tan sólo recuerdo el 2º de Victoriano del Río -para mí el mejor toro de la Feria-, el 6º de José Escolar y el 4º de Garcigrande. Y tan sólo recuerdo a un torero: López Simón, un ciclón que ha pasado arrasándolo todo con su toreo de extraordinaria colocación, pureza y verdad. Bagaje personal por tanto muy pobre de emociones. Y es que cuando esto falla, sólo una palabra otea mi horizonte: vulgaridad; algo que nunca debería aparecer en nuestra Fiesta.

jueves, 9 de julio de 2015

El camino de López Simón...

Me está sorprendiendo muy y mucho la actitud que está mostrando López Simón desde sus triunfos en Madrid. Ojo: no le quito la razón en lo que dice. Comparto casi todos sus argumentos. Aún así creo que se equivoca en las formas y en mostrar una inflexibilidad a prueba de bombas. Hablo de su espantada en La Brede hace unos días y en su reticencia a dejarse contratar en determinados sitios alegando unas pretensiones que creo no le corresponden de momento. No puedo estar más de acuerdo con sus palabras cuando, al intentar justificar su ausencia en La Brede dijo eso de que un torero puede elegir dónde y cómo se juega la vida. Firmo debajo de lo dicho por el torero madrileño. Pero también es cierto que hay un refrán que dice que es de bien nacido el ser agradecido y ahí López Simón ha patinado. Y patinó porque no había manera de justificar su ausencia en dicha localidad francesa en un cartel de tinte modesto que presuntamente tenía firmado desde febrero de este año para sí acudir al día siguiente a Istres a matar una corrida con dos figuras del toreo y una ganadería de las teóricamente punteras. La verdad es que no sé que pensar. Creo que López Simón tiene proyección de buen torero, que de hecho ya lo es, y que con un poco de suerte puede llegar muy alto. Pero creo que el ir por un camino tan particular y tan marginal no le beneficia. Y no le beneficia porque todavía no es figura del toreo. Me cuentan incluso que hasta no coge el teléfono a algún que otro empresario de reputada solvencia y pulcritud económica. Evidentemente esos empresarios no llevan plazas que generen amplísimos beneficios económicos. Que esa actitud la tenga una figura es comprensible porque muy difícilmente los empresarios le vayan a hacer la vida imposible, pero a un torero que apenas ha hecho nada en esto y que va por ese camino le pueden llover las zancadillas. Imagino que López Simón pensará que sus dos puertas grandes de este año en Las Ventas son su mayor salvoconducto para enfrentarse a todo lo establecido. Pero cuidado torero porque a pesar de que no es nada fácil abrir esa puerta y menos en dos ocasiones en un mismo año, ninguna de las dos salidas a hombros ha tenido la rotundidad necesaria como para exigir tanto en tan poco tiempo. Que sí, que en la tarde del 2 de mayo hubo mucha heroica, valor y un torero herido que se quedó en la arena con una cornada para despachar a su segundo oponente. Pero como digo, tanto esa puerta grande como la siguiente en plena Feria de San Isidro fueron cuestionadas por parte de la afición madrileña. De hecho, se le concedió alguna que otra oreja después de pinchar a espadas y de marrar con el descabello. En las antípodas de esta actitud tan hermética se encuentra por ejemplo el caso de Morenito de Aranda, un torero que sí abrió con rotundidad la puerta grande de Madrid y que se está dejando contratar con cierta facilidad, siempre y cuando la dignidad en los contratos que le ofrecen vaya por delante. Como digo, creo que López Simón se equivoca en las formas y en parte del fondo. A pesar de sus triunfos en Madrid debe rodarse por cuantas más plazas de segunda e incluso de tercera pueda. De repente ahora no puede pretender torear sólo en plazas de primera y donde haya muchísimo dinero en juego. La situación no está para ello y aparte no lo permite. Todos los toreros con cierto ambiente han ido a todo tipo de plazas, siempre y cuando haya sido en unas condiciones dignas, a pesar de no ganar tanto como podrían pretender. El coger experiencia y oficio es algo imprescindible para un torero que lleva un cuarto de hora en esto. Y el permitir que te vean tanto en Madrid como en Tomelloso, por ejemplo, es algo que siempre han hecho las figuras del toreo. En Bilbao, por ejemplo, no está y lo peor es que no ha quedado claro el porqué de su ausencia. Como digo, hay que tener cuidado con estas cosas. Dicen que cuanto más se sube más fuerte es la caída y en este difícil mundo del Toreo es mucho más fácil caer que subir y mantenerse. Y es que para esto último hay que ser muy grande.

miércoles, 24 de junio de 2015

Un mundo dentro de otro mundo...

Sé que ya pasó San Isidro y que todo lo que se diga de vueltas sobre la Feria vale poco porque sencillamente se ha dicho todo ya. No es mi intención cansarte con lo que has leído una y otra vez durante todos estos días. Y no lo voy a hacer porque voy a hablar de otra cosa. De algo más hondo, más espiritual si cabe. Y como ahora mismo es domingo por la tarde y los domingos por la tarde no me gustan porque me ponen triste y nostálgico -siquiera porque recuerdo mi época del colegio en la que un domingo era el anticipo de una semana larga, sacrificada y poco divertida-, pues me he puesto a reflexionar. Pero a reflexionar con la sensibilidad que te da un domingo por la tarde y no cualquier otro día. El caso es que cavilando, me he dado cuenta aún más si cabe de lo grande que es nuestra Fiesta. Me explico. Todos los años, cuando llega la Feria de San Isidro, me dejo caer tres o cuatro veces por la plaza de Las Ventas para ver en vivo y en directo algunas de las corridas del serial. Suelo hacerlo cuando el trabajo me lo permite, claro está, y como yo soy un tipo al que le gusta disfrutar de todo minuto a minuto, cojo mi coche y bien temprano me voy para los madriles. A eso de las diez de la mañana ya estoy allí para sacar mis entradas, una para la corrida y otra para el apartado. Hasta el comienzo de éste, tomo café y paseo por la plaza viendo el trajín de los fotogénicos turistas y observo los quehaceres de los pícaros e insistentes reventas. Me divierte, no lo puedo remediar. Tras el apartado cojo el metro, me voy al centro de la ciudad y me pierdo por sus callejuelas. A eso de las dos de la tarde como por allí y sobre las cinco y media me voy para la plaza de nuevo. Pero he aquí que durante esas horas desde que llego a Madrid hasta que empieza la corrida, el trajín y las prisas de una ciudad tan grande turban mi ánimo. Gente, gente y más gente. Tiendas, bares y más tiendas. Iphones, tablests, juventud desconectada del mundo y enchufada a una red que les aparta de este mundo. Pocos miran al frente y sí a una estúpida pantalla que les sorbe el seso cada vez con más virulencia. Chicos y chicas modernos, hombres y mujeres con maletines y raya diplomática. Despreocupación, humo de coches y de tabaco, autobuses que te arroyan, taxistas que van como rayos, pitidos de coches, insultos desde la ventanilla de un vehículo porque alguien ha osado adelantar y cruzarse muy rápido. Olor a perfumes caros. Chinos haciendo fotos. Más chinos haciendo fotos. Pero de repente todo cambia. Llego de nuevo a Las Ventas y lo que tengo delante deslumbra mi vista. El monumento tan brutal que se extiende delante de mí ya me hace cambiar el chip. Pero no. Aún no lo cambia del todo. Allí también hay prisas, gente bien vestida y personas que nunca serán lo que pretenden aparentar. Huele a puro. Se acerca la hora. Gin-tonics, saludos efusivos entre aficionados y más gin-tonics. La corrida va a empezar. Suenan clarines y timbales. Rompe el paseíllo. Sale el primer toro y algo sacude mi cuerpo: esto es otra cosa. Aquí ya no hay prisas. Aquí ya no hay mentiras. Sólo verdad. Sólo autenticidad. Es paradójico el cambio que puedo percibir en ese momento y que no llego a comprender. Unas horas antes he estado en un mundo y ahora estoy en otro. Aquí ya no hay prisas ni tecnologías que secan los cerebros. Aquí hay hombres que en mitad de una urbe cosmopolita y demasiado moderna que no quiere ni oír hablar de la muerte se van a jugar la vida de verdad. Sin trampa ni cartón. Sobre esa arena hay un animal mitológico que puede dar la gloria y el fracaso en unos minutos. Que te puede encumbrar o que te puede matar. Fuera de esa plaza sólo hay prisas, tecnología y egoísmo. Sobre la arena sólo hay verdad y muerte. El contraste imposible. Dos horas de autenticidad, de metáfora de una vida que por desgracia ya no tenemos y que un día fue nuestra. Dos horas de valores que nuestra sociedad perdió hace mucho tiempo y que ya nunca va a recuperar. Dos horas de terapia sobre la vida y su realidad. Sobre su gloria y su muerte. Sobre el sacrificio de alguien que está dispuesto a dejarse matar por un sueño. Fuera todos tienen sueños, pero nadie muere por ellos. La muerte no existe. Sólo hay ruidos, prisas y móviles buenos. Sólo hay fachada y pocos sentimientos. En pleno 2015 todavía quedan hombres con arrestos, hombres de verdad que nos dan una lección tarde tras tarde. Algo que no encontramos en las grandes tiendas ni en las calles del centro de una ciudad cuyo lema es "de aquí al cielo". Craso error. De Las Ventas al cielo, diría yo. La Tauromaquia es un ejercicio de vida, una escuela de la verdad. Algo de lo que rehúsan las nuevas generaciones porque simplemente no les cabe tanta autenticidad en sus cerebros petrificados por el Internet y las megas de descarga. El toro no entiende de esas cosas. El toro entiende de verdad y de valores eternos que ya sólo tienen y mantienen unos pocos. Las Ventas es un mundo auténtico dentro de otro mundo vulgar, rápido, egoísta y monótono. Lo peor de todo es que la gente seguirá mirando a sus pantallitas y seguirá sin darse cuenta de lo que pasa ahí dentro, en esa arena regada con la sangre de los hombres de verdad. No hay más ciego que el que no quiere ver.

viernes, 12 de junio de 2015

Aquí no hay tontos...

Que no. Que no son tontos. Que los hijos de los principales ganaderos de bravo de nuestro país no son tontos. Y es que ya llevamos tiempo observando que cada vez salen más toros bravos en cualquier ganadería, no sólo en las denominadas "toristas". Sólo así se explica que en la reciente Feria de San Isidro haya habido un cierto cambio de papeles. Me explico. Yo, que me considero un amante a ultranza del toro bravo, he podido ver con incredulidad como casi ninguna de esas ganaderías consideradas duras han funcionado esta Feria en Madrid. Algún que otro toro suelto pero sin terminar de rematar. ¿Por qué? Pues porque el secreto de la bravura no lo tiene nadie en propiedad. Sin embargo, ha habido varias corridas de toros de las llamadas "comerciales" que han dado un gran juego y que han derrochado bravura a raudales. No voy a hablar del toro "Agitador" de Fuente Ymbro, cuyo juego fue sensacional, ni de "Lenguadito" de El Torero, gran toro también, ni siquiera de "Jabatillo" de Alcurrucén, el cual se ha llevado el premio al mejor toro del conjunto de la Feria. Voy a hablar de la corrida de Juan Pedro Domecq y de la de Parladé, que como bien sabéis las dirige el mismo ganadero: Juan Pedro Domecq Morenés. Dos corridas bravas y fieras en su conjunto, una de las cuales nombrada la mejor corrida de la Feria -la de Juan Pedro-. Este hecho debe hacer reflexionar a los aficionados más exigentes, y a aquellos que, por suerte cada vez menos, prejuzgan a tal o cual ganadería por el hierro que lleven sus toros en el lomo. Yo me considero un aficionado muy exigente, siempre lo he sido, y en más de una ocasión he prejuzgado sólo porque una ganadería llevaba tal o cual hierro o era de tal o cual encaste. Pero ese no es el camino y por suerte me di cuenta de ello hace mucho tiempo. A pesar de que mis ganaderías predilectas sean de corte "torista", he de rendirme a la evidencia. Y la evidencia me dice que hoy en día un toro bravo y fiero puede salir en casi cualquier ganadería. Llevo tiempo viendo fiereza y bravura en muchos toros de Victoriano del Río, Juan Pedro Domecq, Parladé, Fuente Ymbro, Núñez del Cuvillo, Alcurrucén, Jandilla o Daniel Ruiz, por poner algunos ejemplos. También veo esa bravura y fiereza en toros de Victorino Martín, Adolfo Martín, Cuadri, Baltasar Ibán, Dolores Aguirre, Cebada gago, Miura... A donde quiero llegar a parar es a la conclusión de que hoy en día casi ningún ganadero es lelo. Y sobre todo, hay una hornada de hijos de ganaderos ilustres que no tienen ni un pelo de tontos. Pero ni uno. A todos esos hijos de ganaderos importantes les gusta el toro bravo y fiero que se quiere comer la muleta. Y no lo digo yo, lo dicen sus toros con lo que hacen en el ruedo. Juan Pedro Domecq hijo -al que cada día admiro más-, los hijos de Victoriano del Río, Adolfo Martín hijo, Victorino hijo, Daniel Ruiz hijo, Los hijos de los Lozano, Justo Hernández, Álvaro Núñez del Cuvillo, Eduardo Miura hijo, Isabel Aguirre, José y Salvador García Cebada, Ricardo Gallardo, Borja Domecq... A todos les gusta el toro bravo de verdad. Todos buscan ese toro que pelée en el caballo y que aguante cincuenta muletazos por abajo. Y lo buscan porque saben que es el único toro posible que hace que esto no se vaya al garete. El toro de hoy en día es el más bravo de todos los tiempos, y lo es porque las exigencias de la Tauromaquia moderna así lo ha pedido. Cada vez se torea más largo y más por abajo. Cada vez se le exige más al toro. Cada vez el aficionado le pide más al toro, y eso sólo se consigue creando un animal bravo de verdad. A lo largo de la historia ha habido ganaderos que han especulado mucho con la bravura. Se me ocurre el tan famoso "toro artista" que puso de moda en su día Juan Pedro Domecq padre, ese toro noble y flojo que seguía la muleta de una forma que aburría a todo el mundo. O ese toro blandito que tanta fama le dio a Daniel Ruiz padre en su debut en Madrid y que siguió criando muchos años a petición de las principales figuras del toreo porque precisamente les encantaba esa embestida insulsa y carente de toda emoción y peligro. Sinceramente creo que esa época ha pasado a la historia y que los hijos de aquellos ganaderos que en su día especularon con la bravura tienen otra idea en la cabeza de lo que es un toro bravo. Como digo, no son tontos y saben que el único toro posible que esté a la altura de las exigencias del poderoso toreo que se hace hoy en día y que además divierta al público y no aburra, es el toro bravo y fiero. ¿Alguien se imagina a un Juli, a un Perera, Talavante o Castella con un toro insulso? Ese toro les quitaría más que les daría. De largo además. El toro es la base de la Fiesta y si además es bravo y fiero todo tiene más importancia. El torero con ese tipo de toro sí que es un héroe. El torero con ese tipo de toro brilla mucho más. Lo único que le faltaría a nuestra maltrecha y discutida Fiesta hoy en día sería una sucesión contínua día sí día también de toros extremandamente nobles, mansos y flojos. Las plazas se vaciarían en un santiamén y esto moriría de inanición. Por desgracia, Morante no hay más que uno para ver algo con ese tipo de animal. Por tanto, creo que casi todos los ganaderos están en el mismo barco. O al menos la excelente generación de nuevos ganaderos que están tomando las riendas de las más importantes ganaderías de nuestro país. Como digo, no son tontos. Y es que la necesidad al final siempre se convierte en virtud...

viernes, 29 de mayo de 2015

Recompensas y disgustos...

Cada vez me sorprendo más de lo poco que valen los triunfos de los toreros hoy en día. Y triunfos no en cualquier parte -que en casi todos los lados antes también valían gracias al boca a boca-, sino en la mismísima plaza de toros de Las ventas de Madrid. ¿Por qué? Hay varios factores... Está claro que la crisis económica general y del sector taurino en particular ha provocado una bajada considerable del número de espectáculos taurinos. Cierto es que hay demasiados novilleros y matadores de toros en el escalafón y que todos no pueden torear cincuenta tardes al año. Admito también que las siete u ocho primeras figuras del toreo actual tienden a anunciarse casi siempre juntos y cerrar de esa manera los carteles a ciertos jóvenes que están triunfando y que vienen con la escoba. Por otra parte, es también claro y notorio que los empresarios de ciertas plazas de primera y segunda categoría con pocos festejos en su abono intentan asegurarse el éxito y los llenos contratando sólo a esos ocho o diez toreros que mandan en el escalafón. Que conste que no tengo nada en contra de esas ocho o diez figuras del toreo. Siempre he pensado que, salvo muy contadas excepciones, están ahí por méritos propios. Vamos, que están ahí por algo. Algo que quizás otros muchos no han podido conseguir por más oportunidades que les hayan dado. El problema es que sí existe una baraja de toreros que han triunfado ni más ni menos que en la primera plaza del mundo y que no están viendo resultados a corto plazo en forma de contratos. Si excluimos Pamplona, cuyos organizadores de su feria son los únicos que cuentan año tras año con los triunfadores reales de la Feria de Abril de Sevilla y de San Isidro en Madrid, muy pocas plazas, por no decir ninguna más, le siguen los pasos. Y es que lo que subyace en todo este problema es una falta clara y evidente de valores. Actualmente nos encontramos en una sociedad sin valores, donde el triunfo real y a carta cabal se menosprecia, donde se subestima el éxito de cualquier persona en cualquier campo laboral. El mundo se ha convertido en una competición constante entre avariciosos y envidiosos, y eso nos está haciendo mucho daño. ¿Que cómo? Pues impidiendo el desarrollo hacia la excelencia de cualquier sector de la sociedad, incluido el taurino. Sólo así se explica que toreros que en otra época ya se habrían puesto en figuras del toreo no lo hayan hecho. Sólo así se explica que toreros con recientes triunfos en Madrid no tengan ya firmadas cincuenta corridas de toros y a su gusto, como ocurría no hace tanto tiempo. Pero no, ahora lo que se dice es que el triunfo de tal torero no vale porque las dos orejas no las cortó en la Feria, sino en la preferia, o que salir por la puerta grande de Las Ventas con una oreja de cada toro no vale, que tiene que ser con dos del mismo toro. Por favor..., ¿de qué estamos hablando? Cierto es que últimamente se están concediendo algunas orejas muy baratas en Madrid, pero otras son muy justas y a ley. Sepamos pues darle a cada cual lo que merece. Alberto López Simón abrió el pasado domingo por segunda vez en menos de un mes la puerta grande de Las Ventas. Esta última vez de forma exagerada al obtener una oreja del sexto toro que no debió cortar por pinchar en el primer intento al entrar a matar. Pero eso no debería privarle para salir lanzado de Madrid a todas las plazas por el poder y la disposición que ha demostrado, como debería suceder también con Eugenio de Mora o Morenito de Aranda, por nombrar algunos triunfadores recientes en la plaza de toros de la capital de España. Pero en vez de eso le buscamos los cinco pies al gato y les ponemos zancadillas. ¿Qué pensará el chaval que quiere ser torero? ¿Creerá que merece la pena meterse en este mundo tan injusto? ¿No están yendo los propios taurinos en contra de la Fiesta creando una imagen pobre y poco atractiva para las generaciones de toreros venideros? ¿Tanto nos jode el triunfo ajeno? La falta de valores no es el único problema. Si éramos pocos encima parió la abuela. A todo esto se suma ahora el nuevo rumbo político que ha tomado España tras las últimas elecciones. Nuestras autonomías se van a configurar en torno a pactos entre fuerzas políticas que no tienen precisamente un gusto especial por la Tauromaquia y cuyo objetivo en la mayoría de los casos es abolirla. Lo dicho, parió la abuela. Así que dejémonos de envidias malsanas y démosle a cada uno lo que se merece. Organicémonos, no sea que vayamos a acabar peor que el del consabido chiste de la famosa orgía. Y blindemos definitivamente nuestra Fiesta, no sea que al final nos vaya a pillar el toro, nunca mejor dicho...

lunes, 18 de mayo de 2015

Sí o sí...

Estoy cansado de escuchar que a los chavales que recién toman la alternativa hay que ponerlos sí o sí en los carteles con las figuras. Y yo me pregunto: ¿por qué? ¿Con qué motivo? ¿Así porque sí? A ver, pensemos un poco. Sí, sé que esos chavales son el futuro de la Fiesta, que sin ellos esto puede morir de abandono... En todo eso estamos de acuerdo. Lo que yo no comparto es la opinión de toda esa gente, entre los que se encuentran muchos periodistas y aficionados, de que hay que poner a cualquier precio a los jóvenes que acaban de tomar la alternativa con las figuras. Que quede claro que yo soy el primero que está en contra de que precisamente las figuras del toreo cierren sus carteles a los nuevos valores y se anuncien ellos juntos e inseparables en todas las plazas. Yo también quiero que se abran esos carteles, pero que se abran justificadamente y con cabeza. Por ejemplo: en las últimas semanas hay un empeño tremendo de mucha parte de la prensa y de la afición con que José Garrido entre en los carteles con las figuras. Y evidentemente no voy a ser yo quien se lo niegue. Es más, se está usando al chaval como bandera de una cruzada contra las figuras del toreo que no tiene ni pies ni cabeza. Resulta que a Garrido hay que ponerlo ya de matador de toros en los carteles con dichas figuras porque ha echado una buena temporada de novillero -cortó una oreja en Madrid, salió por la Puerta del Príncipe en Sevilla, se encerró triunfalmente con seis novillos en Bilbao...-. Sinceramente no lo creo. No creo que tenga que ser así. No creo que a un recién alternativado haya que ponerlo en los mejores carteles de las ferias sólo porque ha tenido una carrera exitosa como novillero. Seguro que estarás pensando que, claro, con mi forma de verlo nunca va a llegar un chaval a ser figura del toreo. ¿Y por qué no? ¿Acaso no ha habido casos de figuras del toreo consagradas cuyos primeros años de alternativa torearon más bien poco y en carteles modestos aun habiendo hecho grandes temporadas como novilleros? Claro que los hay. Y muchos. Yo soy el primero que piensa que las figuras deben de abrir sus carteles y permitir que otros toreros actúen con ellos. Pero toreros con una cierta solvencia y una experiencia más contrastada. Y doy nombres: Antonio Ferrera, Diego Urdiales, Eugenio de Mora, Morenito de Aranda, Paco Ureña, Curro Díaz, Iván fandiño, Jiménez Fortes, Alberto Aguilar, Juan del Álamo, Pepe Moral, Alberto Lamelas..., y muchos más como ellos en una situación parecida. Toreros que no desentonarían en un cartel de figuras y que podrían perfectamente resolver la papeleta, como de hecho ya han demostrado en más de una ocasión. Lo que no se puede es ilusionarnos con un novillero, darle la alternativa y querer meterlo ya en los mejores carteles. No amigo, primero hay que ganárselo, como todo y todos en esta vida. Siguiendo con el caso de Garrido en particular, hay quien se pregunta que a quién molesta este torero. ¿Sinceramente pensáis que Garrido le molesta a alguien? Yo particularmente creo que no, que los que están ahí arriba están por algo y que estos matadores de reciente alternativa no les durarían ni un asalto. El mismo Garrido sin ir más lejos se vio desbordado y por debajo del segundo toro de su lote la tarde de su alternativa en Sevilla, un animal de Juan Pedro Domecq bravo, complicado y fiero que le pidió los papeles. No nos engañemos: hoy en día pocos toreros pueden competir de tú a tú con esos ocho o diez que están en lo más alto. Y los que podrían son esos toreros de esa segunda fila que he citado antes, a los cuales no acaban de ponerlos con las figuras, no los recién doctorados, los cuales necesitan tiempo y contratos para madurar como toreros. Garrido, como otros de su generación -dígase Lama de Góngora, Ginés Marín, Álvaro Lorenzo, Varea, Gonzalo Caballero...-, tienen un futuro muy prometedor, pero un futuro que han de labrarse pacientemente. Muy pocos toreros han dado el salto de novilleros a figuras del toreo -sólo se me ocurre el caso de "El Juli" o el de Talavante más recientemente pero de distinta forma-. No queramos encumbrar tan pronto y convertir con nuestras malas decisiones a un chaval con futuro en un muñeco roto. Y lo más importante: no enarbolemos banderas sin sentido por el mero hecho de molestar por molestar. Y menos con chavales a los que podemos confundir llenándoles la cabeza de pájaros para luego estrellarlos con estrépito. Cuidado. Mucho cuidado.

jueves, 30 de abril de 2015

La dureza injustificada...

Recién concluida la Feria de Abril 2015, me ha venido una reflexión a la cabeza fruto de un hecho que se produjo la tarde del 16 de abril. Dicha tarde, Antonio Nazaré cortaba una oreja al cuarto toro del festejo, segundo de su lote. Hasta ahí bien. Lo malo comenzó después. Es cierto que el toro fue extraordinario, muy probablemente de dos orejas claras. Pero Nazaré sólo pudo cortar una. A partir de ese momento comenzaron a llover los palos. Palos desde todos lados. Palos por parte de la prensa, de los aficionados, de algún que otro profesional... Con esto no estoy defendiendo al torero, ya que yo también creo que debería haber estado más rotundo. Es más, pienso que en el caso que me ocupa, el de Antonio Nazaré, hay un problema: él no acaba de creerse que tiene condiciones para funcionar en esto. Pero dejemos los juicios de valor aparte. Como digo, no justifico esa oreja como suficiente ya que el toro se fue con otra puesta al desolladero. Pero tampoco justifico la manera en que se le atacó tan despiadadamente. Y no estoy de acuerdo con ese ataque porque este torero, como tantos otros en el escalafón hoy en día, no torean casi nada. Nazaré por ejemplo el año pasado no toreó prácticamente nada y este año la corrida de Sevilla era su primer festejo de la temporada. A donde quiero llegar con esto es que no podemos exigirle a un torero que apenas se viste de luces que esté como el que torea cincuenta tardes al año. Eso es imposible. Pero no sólo en el toreo, sino en cualquier profesión de la vida. La experiencia es un grado, es sabiduría, y estar constantemente en el barro te da las tablas suficientes para resolver las papeletas que te vayas encontrando en el camino. Démosle a toreros como Nazaré y otros tantos más contratos y veremos a ver si no pueden solventar. Estoy seguro de que sí, como estoy seguro de que este torero en particular, con un número de corridas más elevado el año pasado, le habría cortado esa segunda oreja al extraordinario toro de Fuente Ymbro. Y si no se la hubiera cortado pese a esas circunstancias, entonces sí que habría sido para replantearse muchas cosas, como de hecho hicieron muchos al concluir esa corrida sin reflexionar en la dura situación de muchos toreros. Pero esto no es nuevo. Los aficionados, la prensa, etc, damos palos sin mirar ni cómo, ni cuándo, ni dónde. Y yo soy el primero que lo he hecho en más de una ocasión. Ahora quizás reflexiono más las cosas y por ello en el tema de Nazaré he querido poner algo de cordura entre tanto sinsentido. Lo que sí es grave y criticable es lo de Finito con el primero de El Pilar, El Cid con el quinto de Victorino o Manzanares con los dos de Cuvillo, los cuales fueron toros de triunfo rotundo y se les fueron sin torear. Eso sí. Por tanto, valoremos a un profesional cuando este tenga las bases para poder ser valorado justamente. Mientras tanto tengamos un poco de mano izquierda y seamos pacientes con los que torean poco o nada. Y más cuando alguno de los toreros a los que nos lanzamos a criticar despiadadamente ya ha tenido tardes gloriosas en plazas importantes y ha triunfado con justicia, a pesar de que ahora no lo haga merced a su precaria situación en el escalafón. A estos toreros son a los que hay que poner más, no a los jóvenes recién alternativados que han de rodarse aún más por plazas y carteles de menor categoría. A estos que llevan ya más de cinco o seis años de matadores de toros -algunos diez o quince- y que han probado su solvencia sobradamente. A estos es a los que hay que poner en los carteles de las ferias, con las figuras si es preciso, para que adquieran ese oficio tan necesario que les permita estar a la altura de cualquier tipo de toro. De lo contrario no estaremos haciendo nada. Ni por ellos, ni por el toreo, ni por nadie.

martes, 21 de abril de 2015

El miedo a Las Ventas...

Es algo que no entiendo, que me cuesta comprender. Todos los años, cuando salen los carteles de la Feria de San Isidro, siempre me faltan varios novilleros punteros en el serial. ¿La explicación por parte de la empresa? Pues siempre la misma: esos novilleros en cuestión no han querido venir porque según sus apoderados es demasiado pronto para ello. Este año en concreto no van a actuar en San Isidro los probablemente tres novilleros con más expectación a día de hoy que hay en el escalafón, a saber, Álvaro Lorenzo, Varea y Ginés Marín. Llegados a este punto, yo me pregunto varias cosas: ¿cuándo se supone que un novillero está preparado para ir a Madrid? ¿Acaso Lorenzo, Varea y Marín no lo están? ¿Por qué se empeñan algunos apoderados, que, casualmente llevan o han llevado a grandes figuras del toreo, en cuidar tanto a determinados novilleros? ¿No se dan cuenta de que por Madrid pasa todo, de que Madrid es la plaza que más da y que ya quita poco? ¿No entienden que Madrid es la plaza que puede poner en figura a un novillero e incluso que este puede salir disparado con un buen triunfo allí hacia una alternativa de relumbrón con las principales figuras del toreo actual? ¿En serio no ven que actuar en Madrid tiene más pros que contras? Sinceramente no lo entiendo. Y no me vale eso de que es pronto y de que el novillero en cuestión no está preparado para ir a Madrid. En el caso concreto de estos tres novilleros que he citado, no tengo ninguna duda de que están más que preparados para ir a San Isidro. Incluso más que otros que sí que están anunciados. Pero claro, ahí ya entra la valentía de los apoderados, y algunos de ellos son bastante cautos y miedosos. También es cierto que tanto Lorenzo como Varea y Marín van a matar un buen puñado de novilladas este año sin necesidad de tener que reivindicarse en Madrid, cosa que otros no van a hacer ya que sus apoderados no tienen tanto poder. Porque al final todo se resume en lo mismo: según el apoderado que tengas así va a ir tu carrera. Y no es el mismo caso el de un chaval que tiene que jugarse su futuro a una sola carta en Madrid para poder entrar en otras ferias, que aquel que ya ha entrado en casi todas por el poder de sus apoderados y los consabidos cambios de cromos que tanto se estilan en el mundillo taurino. Una pena. Una pena porque estos tres novilleros interesan al aficionado y este quería verlos en Madrid. Sinceramente creo que con esa estrategia de cuidar tanto a ciertos novilleros lo que se está haciendo es perjudicarles. Un chaval no puede ir tan cómodo por la sencilla razón de que este mundo es duro y cuanto antes vean esa dureza mejor. ¿Que van a Madrid y pegan un petardo? Pues no pasa nada. Esas cosas siempre han ocurrido. Es más: es preferible estar mal en Madrid de novillero que no de matador, porque de matador sí que te pueden enterrar para los restos. El toreo no es un camino de rosas como se les está haciendo ver a algunos chavales. Tampoco es siempre el novillo cómodo, noble y de un sólo encaste. También es el novillo fiero que te pone en un aprieto con el cual no puedes. Es el novillo de otros encastes que te lo pone complicado y con el que tienes que resolver la papeleta. Es el utrero al que hay que darle fiesta cuando nadie da un duro ni por él ni por ti. Y si al final toca ruina, pues ruina. Seguro que ya habrá otra oportunidad para desquitarse. A veces también es necesario ver novilleros superados por las circunstancias. Eso siempre ha ocurrido. Hoy es muy raro porque lo primero que aprenden es una técnica anti-novillos malos, y eso en parte le resta emoción a las actuaciones de muchos chavales. Por no haber, a veces no hay ni volteretas, las cuales las ha sufrido todo torero que se precie. (Y con esto no digo que quiera verlas, sólo que se ha perdido la emoción de ese novillero volteado que no se mira y que se va, unos con calma y otros con rabia, a la cara del novillo de nuevo). Como digo, no entiendo las ausencias de ciertos novilleros punteros de la Feria de San Isidro de Madrid. También entiendo que casi siempre no es culpa de ellos, porque seguro que más de uno iría sin dudarlo. Al fin y al cabo ellos son simples barcos de papel sin poder alguno a los que la tremenda corriente de sus apoderados arrastran unas veces a la orilla y otras veces al fondo del mar. Los novilleros interesan, y los que están en buen momento todavía más. Pero nada. No hay manera de que todo el mundo lo entienda de la misma forma. A veces pienso que es cierto eso de que lo que piensa el aficionado nunca va a ser lo mismo que lo que piensan los taurinos poderosos. Y es que deberíamos remar todos hacia el mismo lado y no unos en contra de los otros. Ahí reside el mayor problema que existe dentro de la Fiesta: en la dirección del barco. De todos depende que se hunda o de que llegue a puerto sano y salvo, pero sobre todo de los taurinos importantes. Como diría la canción, que no les embriague el aroma del mar...

martes, 7 de abril de 2015

29M. Un antes y un después...

Sí, lo sé. La encerrona de Fandiño en Madrid resultó ser un petardo. No hace falta que me convenzan. Ningún toro se entregó de verdad y así es imposible. Ni siquiera el torero más poderoso y capaz que ustedes se puedan imaginar hubiera podido hacer mucho más de lo que hizo el torero de Orduña. Sí es cierto también que vimos una versión poco usual de Fandiño: a partir de la muerte del tercer toro pareció estar derrotado. La sucesión de toros difíciles y deslucidos terminaron minándole la moral y lo único que se podía esperar era que se la jugara a carta cabal al menos en los dos últimos toros. Pero no fue así. A esas alturas de la corrida Iván ya estaba demasiado hundido como para jugarse los muslos y que nadie lo reconociera y valorara en su justa medida. “Un toro malo no me va a mandar al hule”, debió pensar el torero, cosa que yo apoyo y con la que estoy de acuerdo. Hay quien dice que hubo toros a los que se les pudo cortar orejas: no estoy de acuerdo. Hay quien dice que esto le va a hacer un daño tremendo: tampoco estoy de acuerdo. Lo que sí creo es que algunos empresarios quieran buscarle las cosquillas a partir de ahora a su apoderado. Al menos hasta que Iván vuelva a pegar otro puñetazo en Madrid o en otra plaza de importancia. Pero ahí ni me meto ni quiero especular. Todo se verá. La razón de mi artículo es reflejar el cambio que bajo mi punto de vista se ha producido en la mentalidad del toreo con la encerrona de Fandiño con seis toros de ganaderías consideradas duras y exigentes. Es cierto que exigente lo que se dice exigente no hubo ningún toro. (Quizá algo el de José Escolar). Pero eso da igual. A priori eran seis ganaderías que la mayoría de los toreros no quieren ver ni en pintura. A priori se pensaba que iba a haber una gran entrada y se puso el cartel de “no hay billetes” en una fecha que tradicionalmente no mete a más de tres mil personas. A priori se esperaba un triunfo gordo y, en lo estrictamente taurino fue un fracaso. Pero no fue así en todo lo que rodeó la encerrona. Las campañas de publicidad, la expectación creada, el cuidado en la elección de los toros... Y lo más importante: se ha demostrado que cuando en la arena hay toro la gente responde. Cuando no hay trampa ni cartón la gente responde. Y, en el caso concreto de ayer, hay que decir que la gente joven sí que se anima a ir a los toros cuando intuye que va a ver un espectáculo íntegro y con emoción, aunque luego no salgan las cosas según lo previsto. El domingo, la plaza de toros de Las Ventas rebosaba de expectación y de gente joven como pocas veces se ha visto. Y es que se palpaba que un gran acontecimiento iba a suceder. El toro con mayúsculas interesa y mucho. El toro con mayúsculas llena plazas de veinticuatro mil almas. Las gestas de héroes como Iván Fandiño acaban el papel y provocan llenazos de “no hay billetes”. Posiblemente El Juli y Sebastián Castella llenen también en sus respectivas futuras encerronas de Cáceres y El Puerto de Santa María. Pero de lo que estoy seguro es de que difícilmente conseguirán el mismo nivel de expectación que ha conseguido Fandiño en Madrid. Evidentemente el toro no va a ser el mismo y, aunque no todos los aficionados lo reconozcan, el toro sigue siendo el rey de este espectáculo. Dicho esto, reconozco también el mérito de El Juli y Castella al encerrarse con seis toros sean de la ganadería que sean. Algo se ha movido desde el pasado domingo 29 de marzo. Los cimientos de esto al menos temblaron durante un rato y se comprobó que otra Fiesta es posible. Y no sólo eso, sino que esa otra Fiesta es si cabe más atractiva que la del toro que constantemente vemos día sí día también en las plazas. El público empieza a estar harto del monoencaste y pide variedad, aunque lo que luego salga por toriles no “facilite” tanto el lucimiento de los toreros. Y es que la incertidumbre siempre ha atraído a las masas. Hay tantas Fiestas como gustos puedan tener los públicos y los aficionados sin distinción. Cada cual es libre de pagar por el espectáculo que quiera ver. Pero lo que es cierto es que no todos los espectáculos son igual de emocionantes ni de generadores de expectativas. Fandiño arrasó en ese sentido el pasado domingo, al menos hasta el comienzo de la corrida. Luego todo salió de aquella manera. Pero el que apuesta puede ganar o perder. El que no, ni una cosa ni la otra: a verlas pasar. Ya pasó hace dos años con la encerrona de Talavante también en Madrid con seis victorinos, y, aunque aquello resultara igualmente un fracaso se agradeció y mucho el gesto del torero extremeño. El domingo pasado Iván ganó en unas cosas y perdió en otras. Removió conciencias. Se estrelló contra seis muros. Aun así ojalá que este órdago no se quede en simple anécdota y otros toreros cojan el testigo de las gestas de verdad. La afición lo agradecerá seguro. Y la Fiesta también.

viernes, 20 de marzo de 2015

El fondo y las formas...

No pensaba hablar de esto. No entraba en mis planes. Pero puesto que todo el mundo ha opinado, yo también lo haré. Y es que mucho se ha hablado en las últimas horas de lo que pasó ayer con El Soro en Valencia. A ver, vayamos por partes. El Soro ayer fue un hombre grande. Muy grande. Que alguien que ha estado marginado por todos, desahuciado por la medicina tras multitud de operaciones en su rodilla izquierda, arruinado, abandonado, cojo, en silla de ruedas, más muerto que vivo, obeso y con hábitos de sábado noche muy poco saludables, de repente se proponga una meta y la consiga, amigos, yo me quito el sombrero. El Soro, digan lo que digan, dio ayer una lección tremenda a la sociedad. Olvidémonos por un momento de las formas y vayamos al fondo. A los valores del toreo de los que tanto hablamos los aficionados para defender la Fiesta pero que luego no sabemos apreciar. El Soro ayer, sobre el ruedo de la plaza de toros de Valencia, representó los valores de la Tauromaquia, esos de los que carece la sociedad actual. Sacrificio, capacidad de lucha y de superación, optimismo, enfrentamiento cara a cara con la muerte sin trampa ni cartón -más si cabe por las pobres condiciones físicas del torero, fe en Dios y amor a la vida... A El Soro, dicho por él, en sus peores momentos, algunos compañeros toreros y amigos incondicionales (pocos), le tenían que llenar la nevera para poder comer. Así de triste. Y que después de todo lo que ha pasado este tío, sea capaz de volver a ponerse un traje de luces y enfrentarse al toro, pasado de kilos y en una precaria forma física, con 52 años y cojo, para mí es de chapó. No me duelen prendas si digo que ayer viendo la corrida me emocioné varias veces. Sí, aquello era una locura, pero una locura llena de pasión y vida. Una locura que no quería que se acabara nunca a pesar del miedo que estaba pasando. Me atrevería a afirmar que hasta no me importó apenas el tema estrictamente taurino. No me esperaba que toreara como Antoñete a sus sesenta y muchos. Eso ya lo sabía. Hubo pasajes de destoreo total, de antiestética acusada, de ventajismo, incluso de ridiculez cuando clavó la bandera valenciana en el centro del ruedo o salió a hombros sin haber cortado las dos orejas reglamentarias. (Bien es cierto también que le sacaron los chavales por propio fervor popular, como ocurría antiguamente, no porque él quisiera). De acuerdo. Eso no me gustó. Pero hubo valor. Tanto que se fue a la puerta de chiqueros a hacer una portagayola con una silla. A todo esto, sus compañeros Ponce y Manzanares no se dieron por aludidos. Ninguno captó el mensaje. Porque sí amigo: digamos lo que digamos, El Soro se comió con patatas ayer a sus dos compañeros. Los eclipsó y en la calle todo el mundo hablaba de El Soro. Casi nadie se acordaba de los veinticinco años de alternativa de Ponce o del luto de Manzanares. En arrojo y casta torera ganó Vicente. En ridículo por momentos también, aunque ese ridículo del que todos hablamos le costara una voltereta al entrar a matar a su segundo toro y la fractura de tres vértebras dorsales, lo cual lo tendrá una buena temporada en casa quietecito. Repito: me gustaría ver en una situación parecida a la del torero valenciano a tantos y tantos que lo han criticado despiadadamente. Había mucho que criticar, sí. Pero también mucho que alabar. Mucho. Y el toreo es tan grande por cosas como estas. Y los toreros son héroes por cosas como estas. No voy a entrar a valorar la condición de los toros de ayer porque no viene a cuento y porque además yo pienso que cualquier toro te puede matar. Cualquiera, sea cual sea su condición. La diferencia estriba en que unos enseñan más el peligro que otros. Dicho esto, no me gustaría volver a ver a Vicente en un ruedo. Su objetivo lo ha cumplido con creces y ahí queda eso para que alguien lo supere. Si Padilla dio una lección de vida hace tres años, El Soro ha dado tres o cuatro desde que decidió reaparecer. Se equivocó en las formas, sí. Pero no en el fondo. ¿Qué se habría dicho si no hubiera habido bandera, silla, jolgorio y destoreo? Probablemente otras cosas bien distintas...