lunes, 18 de junio de 2018

Entrevista a Diego Carretero

"Hay que torear con el alma porque torear con el alma es lo que vale"

Diego Carretero es un novillero distinto. De los pocos que tienen eso que le distingue de los demás. Eso que el aficionado percibe pero que muchas veces no sabe expresar con palabras. Quizá sea alma. Un alma serena y torera que refleja cada tarde que se viste de luces. Una torería que ya no se lleva. El próximo 23 de junio toma la alternativa en Alicante en un cartel de lujo. Y a partir de ahí sólo hay una idea clara en su mente: luchar, luchar y luchar. Hablamos con él a escasos días de su doctorado.

-La primera pregunta es obligada, Diego: ¿Te sientes preparado para tomar la alternativa?

     Sí, me siento muy preparado. Me siento capaz y por eso voy a dar el paso. Estoy preparándome mucho estos días que me quedan y tengo muchas ganas ya de pegar ya el salto. 

-¿Duermes bien o ya te está costando conciliar el sueño por la proximidad de la alternativa?

     Bueno, dormir duermo bien. Estoy tranquilo, con calma y sobre todo consciente de dónde estoy y del momento en el que me encuentro. Hay días que duermo mejor y otros que duermo peor pero es cosa a lo mejor de que un día entreno más y me resiento. Pero vamos, son cosas naturales. 

-Una alternativa de lujo, Diego. Ni más ni menos que con Morante de la Puebla de padrino y José Mari Manzanares de testigo con toros de Juan Pedro Domecq. Ahí es nada...

     Pues sí. La alternativa es un lujo, un privilegio estar en ese cartel. Casi todos los toreros por no decir todos los toreros luchamos por estar en esos carteles y la verdad es que tengo mucha suerte de tener esta oportunidad y por mi parte espero aprovecharla al máximo y salir con todas las de la ley.
 
-¿Por qué en Alicante?

     Tanto mi apoderado como yo luchamos porque fuese aquí. Es una fecha buena, a mitad de temporada. Aún queda mucha temporada por delante y se puede hacer una mitad de temporada de matador de toros que puede ser importante y así el año que viene intentar entrar en muchos sitios.

-¿Te hubiera gustado tomarla en la Feria de Albacete? ¿Te ha ofrecido la empresa tomarla en Albacete? ¿Se lo habéis propuesto vosotros?

     Eso es muy fácil. Nosotros buscábamos intentar tomar la alternativa a mitad de temporada y si no se podía pues la siguiente opción era tomarla en la Feria de mi plaza de Albacete, que por supuesto me hubiera gustado tomarla ahí que es algo muy bonito. Pero las cosas han salido así y así hemos decidido tomar la decisión. En cuanto al ofrecimiento de la empresa de Albacete para tomar la alternativa no te puedo decir nada porque esas cosas las lleva mi apoderado Luis Rubias y realmente no te puedo decir si han llamado o si no han llamado. Esa es la realidad. Evidentemente si me hubiesen ofrecido tomar la alternativa en Albacete no hubiera tenido duda de ello. 

-Hablemos de tu etapa de novillero. Han sido tres temporadas y media de novillero con picadores . 

Quizá no ha sido una carrera novilleril muy extensa en contratos pero sí en cuanto a calidad de los mismos. ¿Te hubiera gustado torear más?

     Evidentemente que sí, pero este es el momento que me ha tocado vivir y nosotros tenemos unos principios que nos marcamos desde el inicio y los hemos llevado a rajatabla. Y cuando te marcas esos principios y esas bases acabas toreando en sitios importantes y con relevancia que por supuesto ha merecido la pena hacer este esfuerzo. Hemos luchado mucho por esos principios y esas bases que nos marcamos al inicio.

-Y al hilo de lo anterior y conforme está esto, imagino que en más de una ocasión te habrán hecho propuestas poco dignas para torear...

     Evidentemente ha habido casos, pero en eso no me quiero meter porque cada uno lleva su guerra y su lucha. Cada uno sabe lo que lleva entre manos  y nosotros decidimos llevar este camino, que la verdad que es un camino duro porque se torea poco. En tres años y medio voy a tomar la alternativa con treinta y ocho novilladas. Es un número bajo porque a mí me hubiera gustado torear más, claro está, pero la situación es así y hay que aceptarla como viene y así ha sido.

-¿Guardas alguna cuenta pendiente a alguien del toro?

     En eso no me voy a meter porque en este caso yo soy el menos indicado para hablar. Pero bueno, como se dice en el toro, a cada uno el toro lo pone en su sitio.

-Imagino que te hizo daño no estar en las Fallas de Valencia este año después de tu gran actuación el año pasado.

     Pues sí, mucho. Evidentemente todo el sacrificio y todo el esfuerzo de una temporada pasada y de todas las tardes importantes merecían más recompensa. El que me haya seguido sabe que fue una temporada muy difícil y me gané estar en ese sitio. Por desgracia no fue así, pero este año que entra seguro que será. Hay que tirar siempre para adelante y pensar en positivo y en mi lugar cada vez que salga un toro hay que dar fuerte en la mesa e intentar estar lo mejor posible y romper por ahí. 

-Y lo mismo ha ocurrido con Madrid. Supongo que te hubiera gustado estar en una de las novilladas de la Feria de San Isidro y no el día 29 de abril, antes de la Feria. 

     Mi situación es la que es. No he caído en el sitio ideal pero estoy muy orgulloso de seguir este camino y de estar con la gente que me rodea que son grandes personas. Con esto quiero decir que tanto en el toro como en la vida hay injusticias, pero eso ha pasado siempre. Tiempo al tiempo. El toro pone a cada uno en su sitio y al final si uno sigue en el camino que se marca y que se propone al final todo llega. Ese es el camino que estoy siguiendo. Me encantaría decir otras cosas pero la situación en la que estoy no puedo decir más nada porque saldría perjudicado. 

-¿Crees que en el toro no hay memoria?

     Sí, bueno. Realmente en el toro ves a las figuras que están arreando todos los días y bajan un poco el listón y ya les intentan cortar las alas. Y si esto les pasa a las figuras, ¿cómo no se lo van a hacer a los que están empezando? hay que estar dando golpes todos los días y no dejarle a nadie que te diga esto ha pasado aquí o esto ha pasado allí. Eso es lo que hoy en día ha marcado en el toro y siempre ha pasado. 

-Háblame de tu apoderado, Luis Rubias.

     Luis para mí lo es todo porque gracias a él estoy donde estoy. Gracias a él y a su familia puedo vivir en torero, vivo la realidad, el cómo son las cosas. Es como tener constantemente los pies en la tierra y gracias a él estoy aquí y soy mucho más consciente, mucho más maduro. Cuantos más años pasen iré cogiendo experiencia y madurez. Todas las palabras que tengo hacia mi apoderado Luis son elogios. Te vuelvo a repetir que gracias a él hoy en día estoy aquí. Yo he seguido el camino que él me ha puesto en la mano.

-Y a partir del día 23 de junio qué, Diego. 

     Pues como siempre. Luchar, luchar y luchar. Ganarse los contratos día a día. No va a ser fácil pero estoy seguro que me va a llegar porque siento que estoy en el camino y más tarde o más temprano me llegará. 

-¿Se puede saber cómo será el vestido de la alternativa o lo guardas en secreto hasta el día de la alternativa?

     Yo no guardo ningún secreto. El vestido de mi alternativa va a ser un blanco y oro porque es el que más me gusta, con el que más me identifico y para un día tan especial como es el día de la alternativa es el más indicado. Este será el tercer traje que me hago en cuatro temporadas, la verdad. Este será un traje muy especial.

Concluye la entrevista con Diego Carretero y me confiesa que hay que torear con el alma porque torear con el alma es lo que vale. Que es algo que siempre le ha inculcado su apoderado. Me dice que tanta perfección lleva a algo que no tiene alma y que hoy en día el mundo del toro carece precisamente de eso. Diego dice que ese es su camino, que es consciente de que es el más difícil porque a él le gustaría triunfar todos los días pero que muchas veces las circunstancias no se dan. Aun así no tiene ninguna duda de que la torería es la base del toreo, por encima del triunfo fácil y pasajero. Diego Carretero confía en sí mismo, en su trabajo y en que muy pronto todo eso se verá reflejado en la plaza.
 

    

Una de Tarantino

No voy a hablar en este artículo sobre la Feria de San Isidro. No voy a hacer un resumen de ella. Para ello ya están los innumerables portales taurinos y sus respectivas crónicas que día a día se han encargado de contar lo que ha pasado en la plaza más importante del mundo. También puedes ser de aquellos que prefieren no leer ninguna opinión de nadie  y quedarse con la suya propia de lo visto cada tarde en el ruedo venteño, siempre y cuando hayas tenido la enorme suerte de asistir a la práctica totalidad de los festejos que allí se han celebrado. Yo hoy quiero hablar de otra cosa. De algo de lo que todo el mundo taurino habla estos días, por encima incluso de los triunfos de toreros y ganaderos o de los premios que se han concedido a los que han salido victoriosos en esta tremenda batalla que ha durado la friolera de treinta y cuatro días.

Hoy quiero hablar de la Presidencia de la plaza de toros de Las Ventas. De la nefasta Presidencia de la plaza de toros de Las Ventas. Y es que todavía estoy atónito. Sigo sin salir de mi asombro con lo que ha sucedido algunas tardes en el palco venteño. Y ante ello hay muchos tipos de opiniones y explicaciones al respecto. Los más exigentes dicen que la Presidencia de Madrid ha perdido la exigencia, valga la redundancia. Los menos exigentes dicen que el palco de Las Ventas se ha vuelto muy duro. Y entre medias estamos los que no entendemos nada. Bueno sí, entendemos lo que nos dice el sentido común. Y este nos dice que el problema radica en una falta de criterio enorme. Pero criterio del bueno. De ese unificado. De ese del todos a una. De un criterio regular definido principalmente por la normalidad.
En esta Feria de San Isidro que acaba de concluir se han dado primeras orejas sin apenas petición del público, se han negado otras con petición mayoritaria, se ha concedido alguna segunda oreja más que discutible, se ha dado un polémico rabo, se ha devuelto inexplicablemente a los corrales algún que otro toro que no se debería haber devuelto, se le ha negado la vuelta al ruedo a más de un toro que lo había merecido y se le ha concedido de forma sorpresiva a alguno que otro que no ha merecido tal premio. En fin. Cómo ves, un caos. Y en medio de este caos un grupo de hombres sin duda responsables de ello. No hace falta dar nombres. Tampoco me los sé. Todo el mundo sabe quienes son.
Jamás la plaza de Las Ventas ha tenido una falta de criterio unificado en la Presidencia como el que ha tenido este año. Jamás, que yo recuerde, ha habido un despropósito mayor en el palco de Madrid como el que ha habido este año. Años atrás el aficionado se ha quejado de este o de aquel Presidente. Visto lo visto este año, lo ocurrido temporadas anteriores ha sido una nimiedad comparado con el despropósito de este año. Y es que cualquier tiempo pasado fue mejor en el palco de Las Ventas. Este año ha habido Presidentes débiles. Ha habido Presidentes duros y exigentes. Y ha habido alguno que otro ultra exigente. Y lo peor de todo es que esa actitud no la han mantenido todos los días. Alguno que otro la ha incluso modificado según cómo se hubiera levantado ese día o hacia donde soplaba el viento esa tarde en la capital de España. Ni Tarantino hubiera hecho un guión tan surrealista.
Hay aficionados que ya están pidiendo la dimisión en conjunto del equipo presidencial de la plaza de toros de Las Ventas como consecuencia del nulo conocimiento taurino que han demostrado estos señores durante toda la Feria y de los evidentes y escandalosos despropósitos que han cometido. Y no les falta razón. Siempre he pensado que en el palco de una plaza de toros se debe de sentar un aficionado a los toros de reconocido prestigio, no un policía. Un aficionado con su correspondiente preparación teórico-práctica y su evidente titulación para desempeñar tal cargo. De echo, ya se está haciendo en muchas plazas de importancia menor. Yo en este caso concreto no voy a pedir dimisiones. Yo lo que voy a pedir es humildad. Que esos Presidentes de Madrid escuchen a sus asesores veterinarios y taurinos, que son gente realmente entendida en la materia y que cada tarde están a su lado precisamente para eso: para aconsejar lo mejor posible al que tiene la autoridad para presidir. Que esos Presidentes dejen sus egos aparte -sí, se que es muy difícil y más en la primera plaza del mundo-, y escuchen al que realmente sabe de salud animal o de lo que está haciendo un torero en ese momento en la arena, aunque sólo sea porque se ha vestido de luces y sabe perfectamente de lo que va el asunto. Por tanto menos ego y más humildad. Menos ordeno y mando y más escuchar a los que saben. Y es que no hay nada mejor en esta vida que conocer y reconocer tus propias limitaciones. Sólo así se puede crecer y quizá algún día se llegue a lo más alto.

viernes, 1 de junio de 2018

Que nunca nos falte Madrid

Como cada año y cuando la Feria de San Isidro lleva ya consumido más de la mitad  de su abono, salen las voces disonantes con el según ellos infinito metraje de la misma. Todos los años la misma cantinela: Que si la Feria es demasiado larga, que si treinta y cuatro días de toros no hay quien los aguante, que si no puedo ir a todas las corridas porque el curro me lo impide, que si esto es soporífero, que si tal, que si cual...Pero nadie o muy pocos entienden el beneficio de un ciclo tan largo. Y si casi nadie lo entiende, mucho menos lo alaban.
 
En primer lugar está el punto de vista del empresario. Él es el que pone o debe de poner toda la carne en el asador a la hora de organizar una feria. Y si ésta funciona en todos los sentidos -como parece que es el caso de Madrid-,  a pesar de sus innumerables festejos, no veo qué de negativo tiene el asunto en cuestión.
Otro factor importante a favor de una feria tan larga como es la de San Isidro estriba en lo referente a los toreros. Y es que ningún otro serial es capaz de poder mantener a toreros de mitad del escalafón y a su vez lanzar al estrellato a aquellos que están muy por debajo de los puestos de cabeza. Madrid es la gran oportunidad para la mayoría de toreros que existen y que van a actuar allí aunque sólo sea una tarde. Recortar esta feria sería cercenar los sueños de muchísimos toreros que sueñan con pegar un aldabonazo en la principal feria del mundo, la cual les puede permitir llegar a ser lo que siempre han querido y anhelado. Sin una feria como la de San Isidro, sería imposible rescatar y/o sacar nuevos toreros o poner en alza ésta o aquella ganadería.
Muchas veces me he preguntado dónde, si no es en Madrid, iban a poder torear aquellos toreros que no ven un pitón ni queriendo. ¿Existe algún escaparate mejor que Madrid para esos toreros de mitad del escalafón para abajo? Evidentemente no. Porque no nos engañemos: los pueblos no dan ni dinero ni categoría a un torero. Ni siquiera muchas capitales de provincia, por no decir casi ninguna. Y encima en esas plazas de segunda y tercera categoría se pierde más que se gana. En todos los sentidos.
En el mundo del toro siempre se ha dicho que Sevilla da categoría y Madrid dinero. Siempre ha sido así, aunque bien es cierto que últimamente el triunfo en ambas plazas debe de ser mucho más fuerte y rotundo para que esa máxima se siga cumpliendo. Y es que una oreja en Madrid o dos en Sevilla ya no te garantiza torear treinta tardes esa temporada y cincuenta la siguiente. El panorama ha cambiado, sí. Es más complicado, sí. Pero lo que se hace al menos en Madrid sigue sirviendo. Menos que antes, pero sigue sirviendo.
Hace muchos años hubo otra plaza que también ponia a funcionar a muchos toreros. De echo los puso. Estoy hablando de Barcelona, que junto con Madrid, e incluso más que ésta última, catapultó a infinidad de novilleros y matadores de toros. Ahí está la historia para comprobarlo. Incluso hubo momentos en que Barcelona fue más importante taurinamente hablando que Madrid. Hoy por desgracia Barcelona no está y es Madrid quien soporta todo el peso de la gloria y los sueños de los toreros.
Que nunca nos falte Madrid, aunque sea una feria interminable.

miércoles, 16 de mayo de 2018

El ejemplo de Fortes

Recuerdo aquel artículo como si lo hubiese escrito ayer. Fui duro. Muy duro. Quizás es exceso. Yo no era quien para ello. Yo no era ni soy quien para decirle a nadie lo que tiene o debe hacer. En aquel artículo lo hice. Fui osado. Valiente. Y me corrigieron de la mejor manera posible. Con educación. Dándome argumentos sosegados y convincentes. Muy convincentes. Aun así yo continué con mis dudas. Dudas que a día de hoy se han disipado en su totalidad.

Recuerdo que en aquel artículo le pedía a Fortes que dejara el toreo. Por él. Por su familia. Por sus amigos y por la gente que le quiere. Dos cornadas gravísimas en el cuello en 2015 en tan sólo cuatro meses habían sido la gota que había colmado mi paciencia. Sí: mi paciencia. No la de los suyos. Qué osado por mi parte. Días después de la cornada de Vitigudino escribí aquel artículo demoledor. No entendía lo que estaba sucediendo. Veía en Fortes a un torero de enorme valor pero de una torpeza infinita. Veía a Fortes siempre cogido por su evidente lentitud de movimientos. Me daban miedo las piernas perezosas del torero delante del toro. Y no era normal que un torero tan joven llevara ya tantas cornadas en su cuerpo. Aquello había que pararlo. Qué osado y qué valiente por mi parte.
Recuerdo que días después de aquel artículo tan valiente por mi parte recibí una llamada. Una llamada que me puso en mi sitio. Aquella llamada fue como el buen toreo: suave, sin violencia, sin estridencias. Templada. Muy templada. Una voz femenina al otro lado del hijo telefónico me explicó cómo eran las cosas en el mundo de Fortes. Cuáles eran sus valores. Cuál era su lucha diaria. Los porqués de esa supuesta torpeza que yo veía en el buen torero malagueño. Aquella voz unida en sangre al torero me dijo aquel día que no tenía ninguna duda de que Saúl lo iba a conseguir y que ni siquiera ellos que eran los que más sufrían cada tarde por él le podían decir que abandonara su sueño, cuánto ni menos un perfecto desconocido como yo. Con aquella mano dura pero templada y suave me hicieron humillar y meter la cabeza por donde no quería. Como esos toros mansos con genio pero con fondo noble en manos de un buen torero.
Hoy Fortes no es figura del toreo. Todavía no lo ha conseguido, y yo sinceramente tengo mis dudas de que algún día lo pueda llegar a conseguir. Y es que en este mundo del toro, la suerte y otros factores volátiles cuentan más de lo que nos imaginamos. Aun así y visto lo que ha llegado a superar todos estos años, lo que ha llegado a conseguir, el momento en el que ahora está, yo me pregunto: ¿Y qué más da? ¿Hace falta que un torero así se ponga en figura para ser reconocido por el buen aficionado? Para mí al menos no. Fortes es figura en muchos sentidos, aunque todavía no lo sea en el toreo, cosa que quizás sea lo menos importante para él en este momento. Ahora cada tarde que actúa es una lección para todo el mundo. Y no sólo de toreo, que también.
El ejemplo de Fortes está ahí. Su humildad y su lucha están ahí. Su espíritu de superación está ahí. Lo demás llegará o no llegará. El dinero, las fincas. Llegarán o no llegarán. Será el tiempo el que lo diga. Este es su momento. Su mejor momento. La culminación de una lucha sin cuartel durante todos estos años. Tiene el reconocimiento del aficionado. Tiene el reconocimiento del profesional. Tiene todo lo que un buen torero tiene que tener. Y todo porque sí. ¿Qué más da lo demás?

domingo, 6 de mayo de 2018

¿Cuándo?

Muchas veces me he preguntado el cuándo. Muchas más veces que el cómo y el por qué. Muchas más veces que el quién, ante cuya pregunta esta precisa cada uno puede tener una respuesta. Un culpable. Un impostor.  A mí siempre me ha interesado el cuándo  Cuándo fue el momento justo. En qué momento de la historia se empezó a abandonar lo clásico y lo eterno y se comenzó a imponer la Tauromaquia moderna. Las moderneces, como dicen los viejos de mi pueblo.

Sé que puedo resultar pesado. Sé que siempre estoy con la misma. Sé que la palabra TORERÍA la llevo grabada a fuego en mi mente y en mi alma. Sé que a tí quizás te de lo mismo. Pero no puedo evitarlo. Soy machacón con este tema. No tengo remedio. Hoy hay muy poca torería entre los que se visten de luces. Salvo muy contadas excepciones, esta ha desaparecido. Salvo raros casos, esta se ha transformado por otros cánones que día tras día nos quieren imponer los de oro y plata como si ya fueran los únicos que hay. Que no hay nada más. Que lo otro se perdió. Y nos lo quieren imponer a base de repetirlo tarde tras tarde, toro tras toro. Como si no hubiera otra forma. Como si no hubiera otra manera. Como si más de uno no estuviéramos ya hasta las narices del maldito molde con el que hoy en día se hace a todo aquel que se viste de luces. Como si ese molde que se impone en las Escuelas Taurinas y que cercena cualquier atisbo de personalidad propia y distinta fuera la única manera concebible de interpretar la Tauromaquia de nuestros días. A paseo ya con el dichoso molde.
Pero todo en esta vida tiene un comienzo y no todo tiene un final. Es por ello que yo no paro de preguntarme cuándo se abandonó la torería para imponer esta Tauromaquia rasa y superflua. ¿Cuándo se cambió torería por profundidad? ¿Cuándo comenzaron a querer torear bien en vez de bonito? ¿Cuándo pensaron que el bien y el bonito no podían ir de la mano? ¿Cuándo se empezó a mandar a paseo a la tan consabida y bonita torería? Que cada uno ponga fecha y culpables. Yo tengo la mía y los míos.
Cualquier torero antiguo, por torpe y desgarbado que fuera, tenía torería. Ahí están los vídeos de los toreros de finales del siglo XIX y principios del XX. Hoy no. Hoy un torero torpe es un torero torpe. Sin más. Pero incluso los que torean muy bien sólo saben hacer eso: torear bien. Lo bonito no existe. La gracia no existe. La torería no existe.
Cada tarde que voy a los toros o que veo un festejo por televisión no puedo reprimir la tristeza. Tristeza de ver que para muchos de los que están ahí abajo esto es como tomar un café en la barra de un bar. Con lo bien y lo bonito que se puede tomar ese café. Y lo digo con todo el respeto y todo el conocimiento de causa del que sabe que el que está ahí abajo se está jugando la vida de verdad. Tampoco quiero generalizar porque odio el simple hecho de generalizar. Y es que aunque pocas, excepciones a la regla haberlas haylas. Eso sí, en cuenta gotas y rara avis. Por eso me alegro tanto cuando veo a los pocos toreros veteranos y algún que otro nuevo que derrochan torería por los cuatro costaos.
¿Y qué es la torería?, te estarás preguntando. Pues es algo muy difícil de explicar. Tanto que yo creo que no tiene definición posible. No hay palabras en el diccionario que acierten a definirlas. Un conocido periodista taurino siempre dice que la torería es lo único que no venden en El Corte Inglés. No puedo estar más de acuerdo con él. La torería no se puede definir ni se puede comprar simplemente porque es sentimiento, gracia, emoción. Es algo encarnado, inherente en un torero que se palpa en el ambiente etéreo de una tarde de toros. Y eso, amigo, no se puede contar, comprar ni vender. Tan sólo se puede sentir. 

miércoles, 18 de abril de 2018

El heredero

Es posible que por circunstancias que no vienen al caso no vaya a ser muy objetivo en este artículo. Me importa un carajo. Es lo que pienso. Es lo que siento y opino. Como tú tienes tu opinión sobre cualquier cosa que acontece en la vida. Sólo el tiempo será el que me de o me quite la razón. Y es que yo, que ya llevaba mucho tiempo intuyéndolo, desde el pasado miércoles lo comencé a tener claro. Muy claro. Por lo que aconteció en la plaza. Por lo que percibí en su ambiente, en el sentir de su gente. Esa sensación que no se ve pero que te envuelve y te da la certeza de que aquello que llevas tiempo pensado puede que se haga realidad. Y es que Sevilla definitivamente ha encontrado a su torero.

Pablo Aguado ha venido para quedarse. Ha llegado para tomar el relevo de ese genio de la Puebla que descuenta ya sus días para la retirada. Pablo Aguado ha llegado para llenar de sevillana torería una Fiesta que cada vez está más ayuna de ella. Para emocionar a los paladares más exquisitos, esos que tarde tras tarde se van de la plaza con un regusto amargo tras ver que el Toreo se parece cada día más a cualquier cosa menos al propio Toreo.
Es evidente que hoy en día estamos faltos de toreros especiales. Toreros que tengan algo distinto. De esos que te llevan a la plaza. De esos que llenan, como dicen los más entendidos. Estamos faltos de toreros que conjuguen en un mismo concepto buen toreo y torería. Sí: torería. Porque torear bien saben muchos, pero la torería no la tienen tantos. Me atrevería a decir que casi ninguno. Torería, gracia, sabor, elegancia. Llámenlo como quieran. Andar en torero. Entrar y salir de la cara del toro en torero. Saber utilizar ese toreo accesorio y de recursos tan bonito que siempre han tenido los toreros auténticos. Esa gracia que han desbordado por los poros de su piel muchos toreros míticos. Sobre todo los andaluces. Sobre todo los sevillanos.
Lo que hizo Pablo Aguado en sus dos toros el pasado miércoles en La Maestranza de Sevilla está al alcance de muy pocos. De unos pocos elegidos. Y más si cabe si tenemos en cuenta que sólo era su segunda corrida como matador de toros. Y es que el torero sevillano puso de acuerdo a todos a base de buen toreo. Toreo puro y lento. Muy lento. Templado. Muy templado. Y torería. Torería a raudales. En lo elemental y en lo accesorio. En el antes, el durante y el después. En el todo. Y desde el minuto uno se sintió. Se sintió en el aire de Sevilla. Se sintió en ese ambiente mágico e invisible de La Maestranza en las tardes en las que sucede algo realmente importante. Se sintió en cada persona que estabamos dentro de tan majestuoso y bello templo. En cada persona que estaba al otro lado del receptor de televisión. Se sintió que es él y no otro el torero que Sevilla lleva tiempo buscando. El torero que con una mijita de suerte puede ser el heredero de un sentir y de una forma muy clara de concebir el Toreo. El heredero de un Toreo artista y de un torero genial. El torero al que definitivamente el aficionado quiere convertir en el heredero. El heredero de Sevilla.

miércoles, 4 de abril de 2018

Hay futuro

Hoy voy a llevar la contraria a aquellos que dicen que no. Así. Por llevarla. Por fastidiar a todos los que opinan lo contrario. Voy a ser optimista. Al revés de lo que un día dijo aquel entrenador de fútbol. Así que yo siempre positivo. Nunca negativo. Al menos por esta vez. Y es que creo que hay futuro. Creo que hay jóvenes con futuro. Creo que hay toreros que pueden tomar el relevo de las principales figuras del toreo a corto plazo. A un corto plazo si cabe más corto de lo que nos pensamos.
 
El reciente y rotundo triunfo en Madrid del toledano Álvaro Lorenzo así lo demuestra. La regularidad que está llevando en la cumbre Ginés Marín. La apisonadora Roca Rey, que pocos comentarios merece ya que con cualquiera de ellos me quedaría corto. La frescura y capacidad de Román o Luis David Adame. La clase y el arte de toreros como José Garrido, Varea, Tomás Campos o Pablo Aguado. La inminente explosión de un portento físico como Jesús Enrique Colombo. La capacidad de Rubén Pinar, Emilio de Justo u Octavio Chacón. La verdad y pureza de Paco Ureña. Y los Fortes, David Galván, Juan del Álamo, Javier Jiménez o Javier Cortés, además de alguno que otro que seguro se me olvida y que están también ahí esperando para tomar ese relevo tan ansiado. Porque relevo hay. Relevo claro que puede haber. Otra cosa es que se lo quieran dar tanto los que están arriba como los que manejan el cotarro en los despachos.
Nunca he sido partidario de las carreras largas de los toreros. Creo que quince años de alternativa debería ser una buena media pata que los toreros se cortaran la coleta definitivamente. Y no sólo para que ellos mismos disfrutaran de un descanso más que merecido, a ser posible en sus propias fincas y disfrutando del dinero de sus triunfos y su sangre derramada en los ruedos, sino también para dejar paso a los que vienen detrás, a los que necesariamente tienen que renovar el escalafón de figuras.
Ha habido épocas en las que la posible renovación ha brillado por su ausencia. Momentos en la historia del toreo en los que no ha habido un grupo de toreros lo suficientemente capacitados e interesantes como para encabezar el escalafón y "echar" a las figuras del toreo del momento. Ahora sí que hay razones para creer. Ahora sí que hay una buena baraja de toreros para ir renovando poco a poco el escalafón. Creamos en ellos. Démosles oportunidades. Los primeros los aficionados, exigiendo la inclusión de esos jóvenes con futuro en los carteles de relumbrón. Y después aquellos que manejan los hilos del toreo en cualesquiera de sus muchas vertientes. Dentro de equis años no lo sabremos. Ahora se puede. Ahora hay futuro. Ojalá que dentro de no mucho tiempo los aficionados tengamos motivos para estar contentos y no nos tengamos que lamentar por el callejón sin salida en el que se puede convertir esto si dejamos pasar este buen momento que atraviesa la Fiesta en cuanto a hombres de oro se refiere. Pero de oro del bueno, del que brilla a la legua, no de aquel que..., en fin, ya saben lo que dice el refrán que acabó haciendo el moro.