jueves, 11 de enero de 2018

La importancia de tenerlo

Reflexioné sobre ello hace pocas fechas. Era una mañana fría del mes de noviembre y allí, en la plaza de toros de Salamanca y frente a las estatuas de El Viti, Julio Robles y El Niño de la Capea, lo pensé. Me vino de repente. Como esos pensamientos que no se elaboran y que entran en tu mente sin saber cómo, cuándo ni dónde. Y me dije: qué importante es que una ciudad tenga un torero en lo más alto.
Siempre ha sido así. Cuando un pueblo o una ciudad ha tenido un torero importante se ha notado y mucho. Y si ese torero ha llegado a ser figura del toreo ni que decir tiene que se ha percibido mucho más. Su importancia siempre se ha notado en muchos aspectos, fundamentalmente en la afición de ese lugar por los toros y por su torero en particular. El ambiente de las ferias de esos pueblos o ciudades en cuestión ha sido mucho mayor que el de otros lugares que no han tenido toreros en buen momento salvo contadas excepciones en las que ya hay una afición sólida mantenida desde hace muchos años, curiosamente desde que antaño algún paisano se encumbrara a la cima del toreo.
Ciudades como Salamanca o Valladolid, Huelva, Málaga o Córdoba, por citar sólo algunas, son ejemplo de ello. Ciudades que en un momento dado tuvieron figuras del toreo locales importantes y que ahora se encuentran huérfanas de ellos. Ciudades que no han sabido mantener la afición que en su día tuvieron cuando aquellos paisanos se encontraban en la cima del toreo. Y es que una figura del toreo local siempre ha movido a la afición. Y no sólo la ha movido a llenar su plaza, sino lo que es más importante, a moverse por todo el orbe taurino siguiendo a su torero.
Por desgracia hoy en día quedan pocas plazas cuyas ferias se llenen merced a algún ídolo local y pocos aficionados viajeros que tras uno u otro torero se dejen sus dineros en tan apasionada idolatría. Y es que aparte de ello, y ya en otro contexto, hoy en día hay muy pocos toreros que llenen hasta la bandera una plaza de toros.
Es importante que un lugar tenga un torero importante, una figura del toreo. Un matador que esté en todo lo alto y en todas las ferias. Se llama reactivación. Despertar del letargo. Ilusión. Es importante que funcionen las Escuelas Taurinas de las ciudades. Que se les de oportunidades a los novilleros. Que no se lo pongan excesivamente difícil. De los jóvenes, de la cantera, depende que las plazas se sigan llenando el día de mañana. De ellos depende que haya nuevos aficionados. De ellos depende el orgullo de uno por su torero. De ellos y de su suerte, como de la de los que siguen día a día en la lucha.

jueves, 28 de diciembre de 2017

La culpable

La televisión siempre ha tenido la culpa de todo. Para muchos es el mayor mal que existe en el mundo en general y en la Tauromaquia en particular. Parece que desde que se instauraron las retransmisiones taurinas hace ya muchos años todo ha ido de mal en peor para la fiesta. Hay aficionados que la repugnan. Hay toreros que la miran con malos ojos. Los hay incluso hasta que se niegan a torear si las cámaras están delante. La televisión fue la que mató a Manolete y por supuesto es la que ha traído la decadencia a la fiesta de los toros.

Entenderá el lector mi ironía. Por supuesto no soy contrario a las retransmisiones taurinas. Nunca lo he sido. La razón de ser de este artículo es porque estos días se está rumoreando en los mentideros taurinos que Morante de la Puebla no va a querer televisión en ninguna de sus actuaciones de cara a la temporada 2018. Parece ser que así lo ha decidido el torero sevillano para darle un mayor halo de exclusividad y autenticidad a sus actuaciones la próxima temporada. Y a mí, como buen morantista que soy, me ha caído el rumor como un jarro de agua fría.
Como seguro hacen muchos aficionados, yo soy el primero que cojo mi coche y me desplazo a distintas ferias para ver in situ espectáculos taurinos. Me gusta ver corridas de toros y novilladas en directo. En vivo. Ahí, sintiendo desde la piedra del tendido la riqueza de hechos y detalles que se dan en cada tarde de toros. Cualquier espectáculo en directo es mucho más atractivo que en la televisión. Fútbol, baloncesto, un concierto, la ópera, una obra de teatro... Y sobre todo los toros. No hay comparación entre ver un espectáculo taurino en directo a verlo en televisión. Por mil motivos. Por diez mil motivos. Yo lo prefiero mil veces. Yo lo prefiero diez mil veces. No obstante, tampoco debemos renunciar tajantemente e imponer un no rotundo a la televisión porque esta no deja de ser un medio de comunicación masivo.
La televisión es fría. Lo sé. Y a finales de los noventa, en materia de retransmisiones taurinas, se abusó de ella haciendo de los toros un espectáculo vulgar carente de alma. Antena 3, Telecinco..., ya saben. Pero como digo, es un medio de promoción. De difusión. Es el nexo de unión con la Tauromaquia de muchos aficionados que por distancia o cualquier otro motivo no tienen la oportunidad de poder viajar a ver toros en directo. La televisión por tanto es necesaria. Y no sólo como ese nexo que ya hemos comentado, sino como fuente de ingresos económicos para la Fiesta. La televisión deja mucho dinero en las arcas de empresarios, toreros y ganaderos. La televisión por tanto no es contraria a la Fiesta. Más bien, diría yo, es complementaria a la Fiesta.
Entiendo que muchos toreros vean con recelo las retransmisiones taurinas. Ellos son muy conscientes de que no es lo mismo verles en directo que a través de la televisión. La televisión lo relativiza todo más y hasta resta cierta importancia y peligrosidad a lo que el torero está haciendo en la arena. Entiendo todo eso. Lo que no entiendo es la negativa tajante a ser retransmitido. Y no lo entiendo porque con esa actitud se priva a muchos aficionados del placer de ver a grandes toreros. Y no lo entiendo porque con esa actitud se le cortan en cierto modo las alas a la Tauromaquia. Joselito y José Tomás impusieron esta moda a principios de los años 2000, y ahora parece que Morante quiere hacer lo mismo, amparado seguramente en las mismas razones que las que tuvieron en su día los dos toreros madrileños. Y ante eso yo me pregunto: ¿quién será el próximo? ¿Qué será lo próximo?

viernes, 15 de diciembre de 2017

Lo de José Tomás

En mi penúltimo artículo, justo ahora hace un mes, abordé el tema de la rivalidad, o al menos supuesta rivalidad entre Enrique Ponce y José Tomás. De justicia es mencionar que en dicho artículo se me olvidó citar la única tarde en la que ambos diestros han compartido cartel en los últimos años. Esa tarde fue el 21 de junio en Alicante. En dicho artículo critiqué firmemente que ambos toreros, nos estuviesen negando el privilegio de verles torear juntos. Pues bien, sólo hemos podido disfrutar de su rivalidad una sóla vez en los últimos quince años. Ahí es nada. Para mi, al menos, eso no es nada. Nada de nada para tamañas figuras del toreo.

Fue en mi último artículo, hace justo ahora quince días, donde traté de forma exclusiva la figura de Enrique Ponce. Y hoy, en esta colección de palabras, me gustaría cerrar la trilogía Ponce-José Tomás hablando o al menos reflexionando en exclusiva sobre el diestro de Galapagar.
Vaya por delante que yo siempre he sido muy de José Tomás. Más que de Enrique Ponce. ¿Por qué? Eso mismo me he preguntado yo en multitud de ocasiones. Había, hay algo en el torero de Galapagar que siempre me ha llegado mucho. Su pureza, su verdad, su forma de jugarse la vida sin trampa ni cartón, su mano izquierda, su misticismo, sus silencios...Todo eso y muchas cosas más que seguramente estéis pensado los tomasistas confesos que ahora os estéis tomando la molestia de leerme. Pero en el caso de José Tomás también hay aspectos negativos que deben ser reconocidos incluso por los que si hiciera falta, mataríamos por él.
No voy a volver a repetir aquí lo que ya dije en su momento acerca de la imposición de determinadas ganaderías y altísimos honorarios en cuyos aspectos el torero de Galapagar fue pionero y que muchos otros toreros, incluido Ponce, se tomaron la molestia de imitarle. Y no lo voy a repetir porque lo considero negativo para la Fiesta. De lo que realmente quiero reflexionar aquí es de si realmente José Tomás ha sido un torero sobrevalorado por la afición y la prensa o si realmente es el mito que muchos afirman que es. Incluso me gustaría hablar y dudar de la mayor cualidad que siempre se le ha cantado al torero madrileño: su valor.
José Tomás tomó la alternativa en diciembre de 1995 en Méjico. En su confirmación de alternativa en Madrid el año siguiente ya dio un muy serio toque de atención y fue en 1997 cuando definitivamente reventó el toreo con grandes triunfos en las principales plazas de toros del orbe taurino, fundamentalmente Madrid. Su trienio de mayor esplendor fue de 1997 al 2000. En esos tres años no tuvo rival. Bajó su nivel en 2001 y a finales de la temporada 2002 se retiró. Volvió 5 años después y desde entonces ha intercalado temporadas de torear más -no más de veinte corridas la temporada que más ha toreado-, de torear poco, de cornadas muy fuertes e incluso de años de no torear ni una corrida de toros. ¿Por qué? He ahí el meollo del asunto.
Muchos dicen que todo se debe a una campaña de puro márketing. Cuanto menos torea más expectación genera y más gente lleva a la plaza. Y más un torero tan misterioso como él del que se ha llegado a decir que quiere morir en el ruedo, cosa con la que nunca he estado de acuerdo. Si a todo esto sumamos su negativa constante a ser televisado, entendemos la expectación que genera cada vez que hace el paseíllo. Y todo ello unido se traduce en euros. Muchos euros.
Otros dicen que torea tan poco porque está rico y no necesita el dinero. (Recordemos que José Tomás es probablemente el torero mejor pagado de la historia del Toreo). Otros dicen que físicamente no puede aguantar una temporada entera, ya que a sus 42 años recién cumplidos suma un buen número de cornadas graves y multitud de golpes consecuencia de su particular forma de torear. Los más avezados dicen que torea tan poco porque los artistas de su nivel deben de prodigarse poco, que no deben saturarse con facilidad, que deben espaciar mucho sus actuaciones para que les llegue la inspiración y hagan de cada corrida un auténtico acontecimiento histórico. También dicen que un torero de su calado no puede televisarse porque pierde auntenticidad y que hay que verlo en directo. Y es que la televisión es muy fría sí. Todo eso está muy bien pero..., hay muchos peros.
Actualmente hay toreros que están ricos y que están toreando 50 o más corridas de toros al año. Hay toreros con la edad de José Tomás, incluso mayores que él, que están toreando 50 o más corridas de toros al año. Hay toreros cosidos a golpes y cornadas que están toreando 50 o más corridas de toros al año. Hay toreros con fama de artistas -los que más en contra del medio televisivo podrían estar-, que no sólo se dejan televisar, sino que llevan 20 años toreando 50 o más corridas de toros todos los años. Y lo más importante: hay toreros que llevan muchos años haciendo lo que no hace el torero de Galapagar: acudir a las principales ferias taurinas del país. A esas cuya plaza es de primera categoría. A esas donde sale el toro serio, el que asusta. 10 años lleva José Tomás si pisar Madrid. Y muchos más -ya ni me acuerdo-, que no acude a Sevilla, Bilbao, Pamplona y Zaragoza. La excepción a esta norma quizá sea sus puntuales  comparecencias en Barcelona -con la que le une un sentimiento muy especial-, Nimes y San Sebastián en los últimos años. Nada más.
Ahora yo me pregunto: ¿cuál es el misterio de José Tomás? ¿A qué responde su manera de actuar? ¿Es egoísmo? ¿Es puro marketing para poder seguir manteniendo su alto nivel de honorarios por corrida? ¿Torear es para él un simple entretenimiento que ahora hace y ahora no según su apetencia? ¿Tiene realmente afición José Tomás? ¿La ha tenido alguna vez en el grado de los que llevan 20 o más años partiéndose el pecho en todas las ferias de España, Francia y América? ¿Realmente tiene el valor que todos le presuponemos que tiene? ¿O el valor de verdad es aquel que te hace estar tantos años al pie del cañón, sin retiradas, sin descansos, y acudiendo a todas las ferias más importantes del circuito taurino compartiendo además cartel con todas figuras del toreo sin excepción? ¿Acaso los demás toreros, o al menos algunos de ellos, no arriesgan tanto o más que José Tomás durante inumerables tardes al año? ¿Generaría José Tomás tanto interés en los medios de comunicación y en el aficionado si toreara al año 50 corridas de toros? Preguntas, preguntas y más preguntas que no hacen sino tejer una cortina de duda en torno al torero de Galapagar. Y esa duda no hace otra cosa que agrandar el mito cada vez más.Y repito, habla un tomasista confeso. Un tomasista que duda.
Desde bien pequeño me enseñaron a dudar de todo lo que me rodeaba. Y con el tiempo me di cuenta de que la duda es buena. De que la duda limpia las mentes. Con este artículo no pretendo modificar tu opinión sobre José Tomás. Yo tengo la mía y tu tienes la tuya. Pero hacerse preguntas es bueno. Muy bueno. Y lo que ya es la leche es encontrar las respuestas a esas preguntas.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Lo de Ponce

Todo el mundo taurino se ha preguntado alguna vez en qué consiste el fenómeno Ponce. Cómo puede ser que un matador de toros lleve veintiocho temporadas en lo más alto. Sin retiradas. Sin espantadas. Ahí. Al pié del cañón año tras año. Y con más poso cada vez. Con más maestría y madurez torera cada vez. Todo el mundo le da vueltas. Que si está arruinado, que si tiene mucho que mantener, que si bla, bla, bla. Vueltas, vueltas y más vueltas cuando la respuesta es mucho más simple y se resume en una sola palabra: afición.
 
Y es que lo que mantiene a Ponce año tras año en el candelero es la afición. Da igual los años que tenga, el tiempo que lleve, que esté rico podrido. Da lo mismo: Ponce está ahí porque tiene la afición de cuarenta toreros juntos. Qué digo de cuarenta: de ochenta o de cien. Si muchos toreros tuvieran la afición que tiene este hombre esto sería otro cantar. Porque a todos, absolutamente a todos, les ha podido alguna vez la desidia y la falta de afición. Menos a Ponce claro. Todos han perdido la ilusión por vestirse de torero alguna vez. Menos Ponce claro. Y es que la trayectoria del torero de Chiva en cuanto a mando y número de actuaciones tan sólo es comparable con la de otro coloso de la historia del toreo: el gran "Lagartijo".
Con la alternativa recién tomada, Ponce empezó a competir con las figuras del toreo del momento. Barrió a Espartaco, destronándole de su largo reinado en lo alto del escalafón durante tantos años. Compitió igualmente con César Rincón y también le barrió. Como también eliminó del mapa, por mucho que algunos se empeñen en negarlo-,  a Joselito y José Tomás. Yo, que siempre he sido mucho más de estos dos toreros que de Ponce, no tengo el más mínimo problema en reconocer que por más que cueste admitirlo así ha sido.
Quizá la mala suerte que ha tenido Ponce ha sido haber coincidido precisamente en tiempo y espacio con José Tomás. Y añadiría también a Morante. Y es que la sombra de estos dos toreros -tan demandados por el publico aunque por razones bien distintas- quizá para muchos ha opacado un tanto la grandeza del torero valenciano.
A Enrique Ponce tan sólo le critico que en un momento determinado de su carrera dejara de matar distintos encastes para centrarse tan sólo en uno. Él que siempre ha podido con todo. Una infausta costumbre que por cierto puso de moda el mismísimo José Tomás y que muchos siguieron al pié de la letra. Incluido el todopoderoso Enrique Ponce. Craso error porque si su figura y su trayectoria ya es grande con lo que ha hecho en los ruedos, aún lo habría sido más si no hubiera seguido esa muy discutible moda impuesta por el torero de Galapagar.
La afición de Ponce debería explicarse y ponerse de ejemplo en las escuelas taurinas. Todos los chavales que quieren ser toreros, si no la tienen ya, deberían inyectarse en vena al menos una cuarta parte de la afición que siempre ha tenido y sigue teniendo el maestro de Chiva. Estoy totalmente convencido de que sólo con esa cuarta parte muchos llegarán a ser figuras del toreo algún día. Otra cosa ya es que dicha afición les dure lo suficiente como para estar veintiocho temporadas al máximo nivel. Eso ya lo veo más difícil.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Nos lo deben

Culpo a los dos. A ambos. A Ponce y a José Tomás. A José Tomás y a Ponce. Nos han robado un trozo de historia del Toreo. Un trozo que podríamos haber disfrutado como nada en este mundo. Un enfrentamiento entre dos de los toreros más importantes de todos los tiempos. Algo difícilmemte perdonable a dos hombres que podrían haberle metido un buen chute de energía a esta Fiesta nuestra que cada día adolece más de interés.
Dicen que fue a partir de una tarde en la Aste Nagusia de Bilbao del año 1998. Aquella tarde de agosto iban a compartir cartel Ponce y José Tomás con una corrida de Atanasio Fernández. Pero de repente el de Galapagar se cayó del cartel. No se dieron demasiadas explicaciones y las que se dieron fueron poco creíbles. A partir de aquel día no torearon juntos ni una más. Hasta hoy. Hasta nunca, diría yo. Por contra, a lo que sí que se dedicaron fue a cultivar una enemistad que tristemente cada vez se ha hecho más grande.
Todo el mundo sabe la opinión que uno tiene del otro. Para Ponce, José Tomás es un torero torpe. Para José Tomás, Ponce es un torero que entiende y hace el toreo con el mínimo riesgo posible. Que arriesga poco. Que torea casi con mando a distancia. Y así lo han expresado ellos mismos en varias ocasiones. En el último año se han recrudecido los vetos entre ambos. Valladolid en la temporada pasada y Méjico en esta, han vuelto a poner de manifiesto que no se quieren ver ni en pintura. O al menos uno de los dos al otro según quien cuente la historia.
Los partidarios del de Galapagar dicen que Ponce fue el primero en vetar a raíz de aquella tarde de Bilbao. Los partidarios de Ponce dicen que fue José Tomás el que comenzó a vetar al torero de Chiva cuando tuvo la fuerza suficiente para hacerlo. Nadie tiene la verdad absoluta. Nadie sabe la verdad absoluta. Y los pocos que lo saben callan.
A pesar de todo lo que unos y otros digan, la verdad es que uno de los toreros con los que más ha toreado José Tomás es precisamente con Ponce -especialmente entre los años 1996 y 1998-. Pero aquello duró muy poco. Demasiado poco. Los más avezados dicen que hoy en día un cartel con ambos colosos sería un reventón en la taquilla. Que con diez o doce enfrentamientos por temporada entre ambos se salvaba esto. Que parece mentira que no piensen en el dinero que ganarían toreando juntos. No dudo de ello. Sin embargo, lo que no tengo tan claro es de si habría algún empresario dispuesto a pagar a ambos toreros lo que cobran. Especialmente a José Tomás. A buen seguro que lo que sería bueno para la Fiesta sería malo para los bolsillos de los que se juegan sus dineros. Y por eso muchos no pasarían. Es más, algunos ni se lo plantearían.
A pesar de todos los impedimentos, tanto personales, profesionales como económicos, sigo pensando que ambos toreros nos deben mucho a los aficionados. Que nos han robado una época gloriosa del Toreo. Que nos la están robando. Un espectáculo que no habría tendido parangón hoy en día, que es precisamente cuando más se necesita. Lo que hubiera pasado luego en el ruedo ya es otra cosa. Seguramente unas tardes Ponce habría destrozado a José Tomás y otras hubiera sido al revés. Eso siempre ha pasado con los grandes enfrentamientos entre las más grandes figuras del Toreo de todas las épocas.
Se me hace muy difícil imaginar vetos entre Cuchares y Chiclanero, El Tato y El Gordito, Lagartijo y Frascuelo, Bombita y Machaquito, entre Joselito y Juan Belmonte, entre Manolete y Arruza. Es inimaginable. Hoy sin embargo está pasando entre dos de los toreros más importantes de todos los tiempos. Una auténtica pena para el aficionado que ojalá, a no mucho tardar, se solucione pronto. Y es que el tiempo no corre precisamente a favor de sendos toreros. Sinceramente yo no soy optimista en ese sentido, pero animo desde aquí a los que sí lo sean. Total, de ilusión también se vive.

jueves, 2 de noviembre de 2017

La diferencia

De todos es sabido que Francia es un ejemplo en lo taurino. Y es que en el país galo las cosas se suelen hacer mejor que aquí. Sobradamente sé que con esto no estoy diciendo nada nuevo. Se ha repetido hasta la saciedad. Es vox populi. Pero mi intención es ir un poco más allá. Y ese más allá se llama respeto por todo lo que envuelve a la Tauromaquia. Y cuando digo todo es todo.

En Francia manda la afición, cosa que aquí no ocurre. Salvo excepciones puntuales, ellos son sus propios empresarios. Y se nota. Vaya si se nota. Lo primero en el toro. Y después en todo lo demás. Pero si por encima de todo hay algo que caracteriza a la afición francesa, eso es, como digo, el respeto. Por el toro, por el torero, por su propia afición, por sus plazas, por la defensa de la Fiesta... Algo que inevitablemente te lleva a la comparación. Y en esa comparación, querido lector, salimos perdiendo por goleada.
Hay dos factores por encima de todo que son intocables para la afición francesa: el toro y el torero. El torero y el toro. El respeto por ambos. La consideración por ambos. En nuestro país sin embargo eso no es así. Al toro se le respeta en pocos sitios y al torero en casi ninguno. Y no hay más que darse una vuelta por las principales y no tan principales plazas de toros de nuestra geografía para darse cuenta de ello. Sin embargo en Francia todo es de otro color. Lo primero el toro: lo más importante. Su presencia, su integridad. Su seriedad. Pero luego el torero. La certeza de que el que está ahí abajo también es protagonista. De que ese hombre se está jugando la vida de verdad. El respeto a la persona. Al que se viste de oro pero también, y mucho, al que se viste de plata. En Francia se le exige al torero pero también se le respeta. Y se le respeta con una sutilidad y delicadeza admirable. En España, como no, también se le exige pero no se le respeta de la misma manera. Como si ese oficio de ser torero fuera cualquier cosa. Y todos sabemos que no es así.
Francia es un ejemplo en todo. En lo que ya sabemos y en lo que no. En la forma de confeccionar sus ferias. En el respeto al toro. En el trato a los toreros. En la consideración a su propia afición. A la importancia que esta tiene en el devenir de su Fiesta. Suena a tópico, lo sé. Pero nunca un tópico fue tan verdadero. Francia es un ejemplo y debemos seguirlo porque es beneficioso para nuestra Fiesta. Y debemos seguirlo en todos los aspectos. Queramos la Fiesta como ellos la quieren. De lo contrario, en no mucho tiempo, tendremos que viajar hasta allí para ver un espectáculo digno en toda su expresión. Lástima que esté tan lejos.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Gracias Antonio

Hoy quiero hablar de Antonio Ferrera. Pero no del Ferrera torero. Quiero hablar del Ferrera persona. Del ser humano que lleva dentro. De su espíritu. De su sensibilidad. Y quiero ser bueno y breve. Como sus mejores faenas...

Y es que escuchar hablar últimamente a Antonio Ferrera se ha convertido para mí en un acto casi de fe. En algo místico. En algo que te transporta a otra forma de vida y que te hace ver que siempre hay algo más allá del sucio cemento que pisamos día a día. Que otra forma de sentir es posible. Que otra forma de ser es posible.
Esa pausa. Esa forma de hablar con el corazón. Con el alma. Esa forma de desgranar sus faenas y sus sensaciones delante de la cara de los toros con delicadeza, con pausa y temple. Esa misma delicadeza, pausa y temple que usa cuando coje los avíos y muestra su verdad ante la fiera.
Cuánto te hemos echado de menos estos casi dos años que ha durado tu ausencia Antonio. Cuánto hemos echado de menos esa forma de sentir. Esa sensibilidad. Esa que siempre fue un huracán pero que ahora ha vuelto más brisa que nunca. Y así estás toreando tarde tras tarde Antonio: con esa brisa. Con el alma desnuda de tu cuerpo. Con la delicadeza de tus muñecas sublimes.
Porque todo en ti es delicadeza Antonio. Porque todo en ti es seda. Porque no existe la brusquedad ni la violencia. Porque todo es temple y nana. En la palabra y en la plaza. Porque vives en un mundo aparte donde todos deberíamos vivir. Porque este mundo loco y abrupto es para los demás. Para los que no sienten. Para los que no se emocionan.
Gracias por volver como has vuelto Antonio. Gracias por volver así dentro y fuera de los ruedos Antonio. Por enseñarnos el camino a tantos que no acabamos de encontrarlo por más que nos empeñamos en buscarlo. Por regalarnos esa serenidad. Por regalarnos ese toreo. Ese que siempre ha sido eterno. Ese que no morirá nunca, como el alma de los que sienten puro...