lunes, 10 de agosto de 2015

Las mentiras de los antis...

Estoy cansado de las mentiras que día tras día vierten a los medios de comunicación las plataformas de animalistas y antitaurinos. Para ellos cobra especial relevancia ese dicho que dice que una mentira mil veces repetida se convierte en una verdad. Y lo peor es que ellos mismos se lo han creído de tanto decirlo. Me refiero evidentemente al consabido tema de las subvenciones en tema taurino. Según ellos, la Fiesta de los Toros está subvencionada por los poderes públicos y las administraciones, cosa que es rotundamente falso. Sí que es cierto que en determinados municipios, muy pocos, la verdad, sus respectivos Ayuntamientos dedican una ínfima cantidad económica para ayudar a la organización de los espectáculos taurinos. Pero también es cierto que esa cantidad suele ser tan baja que no sirve para cubrir ni una cuarta parte de lo que cuesta montar un festejo. Y eso es tal cual. Los animalistas y los antitaurinos tienen en la supuesta ayuda de los poderes públicos su arma más mortífera, alegando que con sus impuestos no van a colaborar en la según ellos tortura pública de un animal indefenso como es el toro bravo. Pues no: ni el toro es un animalito indefenso ni sus impuestos van al sufragio de un espectáculo taurino porque sencillamente no hay tal desviación de dinero o subvenciones a dicho fin. En cambio ellos sí que trincan de las administraciones públicas y hay que decirlo sin tapujos. Las verdades a la cara y sin paños calientes. Las organizaciones antitaurinas son las más subvencionadas de cuantas existen. O dicho de otro modo: pillan pasta de todas partes. Ellos que tanto gritan eso de que los toros están fuertemente subvencionados resulta que son los que más dinero reciben con el fin de organizarse e intentar acabar con la Tauromaquia. En primer lugar, tienen una subvención del extranjero muy importante, tiene organizaciones en Holanda, en Suiza, que les dan auténticos dinerales. Por si fuera poco, además reciben dinero de todas las administraciones españolas. Sin ir más lejos, nuestro querido Ministerio de Agricultura subvenciona concretamente a cinco organizaciones antitaurinas. ¿Fuerte no? Y es que dicho Ministerio a quien debería subvencionar no es a los antitaurinos, sino a la propia agricultura y por extensión a los ganaderos, incluyendo evidentemente en este grupo a los ganaderos de reses bravas. Pero no, a estos no se les hace ni puñetero caso no sabemos con qué malévolo fin. Quizás se esté persiguiendo la muerte por inanición de la crianza del toro de lidia. No sabemos qué clase de teclas tocan las organizaciones antitaurinas en el Ministerio de Agricultura para estar representados en sus mesas y recibir dinero público para su cruzada contra la Tauromaquia. Así de hipócritas son dichas organizaciones antis y animalistas. Y ello sin hablar del tremendo apoyo mediático que reciben en los medios de comunicación. Nadie habla de que en una tarde de toros en tal o cual ciudad hay ocho, diez o veinte mil personas asistiendo a una corrida de toros y sí que se resalta y se les da publicidad a los quince o veinte antitaurinos que hay protestando contra la Fiesta de los Toros en la puerta de tal o cual plaza de toros. Lamentable. Pero en el tema de los medios de comunicación mejor no entrar porque todos, o la gran mayoría, están politizados. Esa es la gran mentira por tanto de las organizaciones antitaurinas: dicen que los toros reciben subvenciones y los que realmente las reciben son ellos para sus fines no siempre transparentes. ¿Por qué con mis impuestos tengo que colaborar a que se intente prohibir algo que amo profundamente? ¿Acaso es esto justo? Si quieren intentar abolir la Tauromaquia que lo hagan con sus propios medios, autogestionándose como hacen muchos empresarios taurinos cuando organizan una feria taurina. Y si se palma dinero pues se palma, como todo hijo de vecino que se arriesga en una tarea incierta. Pero que mi dinero se destine contra mí mismo no lo tolero. Y tú, aficionado, tampoco deberías tolerarlo...

jueves, 23 de julio de 2015

Sentir...

Llevo mucho tiempo dándole vueltas a este tema. La verdad, me gustaría aplicármelo a mí mismo. A veces lo consigo. Otras no. Así de patético y de irregular soy a veces. El caso es que los que vamos de aficionados de verdad deberíamos despojarnos de tanto prejuicio técnico para sentir más. Sí, has leído bien: sentir. Emocionarnos. Perturbar nuestro espíritu para bien o para mal con lo que sucede en el ruedo. Personalmente me encanta analizar el toro: su comportamiento desde que sale de toriles, su expresión, si humilla o no, cómo entra y sale de los engaños, su recorrido, la presencia o ausencia de bravura, de fiereza, de nobleza...Algo parecido me ocurre con los toreros: estudio minuciosamente su colocación, sus toques, la firmeza de sus zapatillas, su entrega...Pero he aquí que la mayoría de las tardes, cuando arrastran al último toro, me pregunto: ¿qué he sentido? ¿qué emociones hay en mi interior? Como te puedes imaginar, me doy la callada por respuesta. Y siempre me repito:”hay que sentir más”. Y es que hay que estar más atento a lo que uno siente y a las emociones que invaden su interior en cada momento de una tarde de toros. Con cada toro. Con cada torero. Analizar al toro y al torero es algo que está muy bien y que debemos hacer, pero sin olvidar las emociones que estos generan en su baile con la muerte. La Fiesta de los Toros es un espectáculo que genera sentimientos. Toda ella es sentimiento. Y los puede haber de todos los tipos: miedo, angustia, alegría, eclosión, belleza sublime... Todo ello se puede dar en una misma tarde de toros. En cada momento. En cada instante. Es por ello que deberíamos sentir más, mirar con más frecuencia hacia nuestro interior y saber qué está pasando por nuestra alma. No dudo de que la mayoría de los aficionados a este espectáculo posee altas dosis de sensibilidad. Sólo así se entiende que amemos como amamos este rito. Pues bien: utilicemos esa sensibilidad para sentir, para captar en el ambiente lo que está sucediendo en el ruedo. Para recoger lo que toro y torero están intentando transmitirnos. Demasiadas veces vemos faenas que no han sido técnicamente perfectas pero que nos han transmitido algo muy grande, algo muy pasional. Por lo que sea. Por las circunstancias que sean. Por el viento, la lluvia, las dificultades de un toro, la entrega de un torero... En esos momentos se olvidan los enganchones, la pulcritud del trasteo, el que por momentos ese torero haya estado mejor o peor colocado...Ha habido emoción, la que sea, la que cada uno haya sentido, que por otra parte suele ser la misma en la mayoría de los aficionados. Despojémonos por tanto de tanto prejuicio. Utilicemos nuestros ojos como el espejo a través del cual el alma mire lo que ocurre en el ruedo. Sintamos rabia, miedo, grandeza, alegría, decepción. Pero sintamos. Evidentemente lo que un torero nos transmite estará en relación con su técnica del toreo. No es lo mismo que éste se pase al toro a centímetros de las femorales que a un metro de distancia. Está bien percatarse de ello, escudriñar cada paso del matador. Al final sus actos en la plaza serán los que generen en el aficionado unos sentimientos u otros. Démonos cuenta más por tanto de lo que sentimos en cada instante. Dejémonos llevar por el alma. En eso por ejemplo es en lo que envidio al aficionado neófito y a aquel que no entiende a penas de los conocimientos técnicos del toreo. Su mente y su espíritu son compartimentos vacíos que se llenan de emociones cada tarde de toros más allá de normas o preceptos. Ese es el que posiblemente más se emociona cuando algo grande pasa en el ruedo y el que más se cabrea cuando no salen las cosas, mientras que los que vamos de entendidos perdemos el tiempo en analizar detalladamente cada fase de la lidia, cada capotazo o muletazo de tal o cual torero. Analicemos por tanto pero con más sensibilidad, dejando que sea nuestro espíritu más que nuestra cabeza el que valore lo que acaba de ocurrir en la arena. Sólo así seremos más grandes como aficionados. Sólo así podremos hacer más grande a la Tauromaquia. Tanto que la podremos equiparar al arte más excelso, condición que indudablemente tiene pero que a veces olvidamos en nuestro empeño de racionalizarlo todo. Piensa menos. Siente más. Porque esto de los toros es para sentir. No lo dudes. Y hablando de sentir, yo particularmente he sentido poco en la recién concluida Feria del Toro de Pamplona. Y es que precisamente ha fallado el toro. En algunas corridas por presentación y hechuras (El Tajo y la Reina y Garcigrande) y en otras por comportamiento (casi todas). Tan sólo recuerdo el 2º de Victoriano del Río -para mí el mejor toro de la Feria-, el 6º de José Escolar y el 4º de Garcigrande. Y tan sólo recuerdo a un torero: López Simón, un ciclón que ha pasado arrasándolo todo con su toreo de extraordinaria colocación, pureza y verdad. Bagaje personal por tanto muy pobre de emociones. Y es que cuando esto falla, sólo una palabra otea mi horizonte: vulgaridad; algo que nunca debería aparecer en nuestra Fiesta.

jueves, 9 de julio de 2015

El camino de López Simón...

Me está sorprendiendo muy y mucho la actitud que está mostrando López Simón desde sus triunfos en Madrid. Ojo: no le quito la razón en lo que dice. Comparto casi todos sus argumentos. Aún así creo que se equivoca en las formas y en mostrar una inflexibilidad a prueba de bombas. Hablo de su espantada en La Brede hace unos días y en su reticencia a dejarse contratar en determinados sitios alegando unas pretensiones que creo no le corresponden de momento. No puedo estar más de acuerdo con sus palabras cuando, al intentar justificar su ausencia en La Brede dijo eso de que un torero puede elegir dónde y cómo se juega la vida. Firmo debajo de lo dicho por el torero madrileño. Pero también es cierto que hay un refrán que dice que es de bien nacido el ser agradecido y ahí López Simón ha patinado. Y patinó porque no había manera de justificar su ausencia en dicha localidad francesa en un cartel de tinte modesto que presuntamente tenía firmado desde febrero de este año para sí acudir al día siguiente a Istres a matar una corrida con dos figuras del toreo y una ganadería de las teóricamente punteras. La verdad es que no sé que pensar. Creo que López Simón tiene proyección de buen torero, que de hecho ya lo es, y que con un poco de suerte puede llegar muy alto. Pero creo que el ir por un camino tan particular y tan marginal no le beneficia. Y no le beneficia porque todavía no es figura del toreo. Me cuentan incluso que hasta no coge el teléfono a algún que otro empresario de reputada solvencia y pulcritud económica. Evidentemente esos empresarios no llevan plazas que generen amplísimos beneficios económicos. Que esa actitud la tenga una figura es comprensible porque muy difícilmente los empresarios le vayan a hacer la vida imposible, pero a un torero que apenas ha hecho nada en esto y que va por ese camino le pueden llover las zancadillas. Imagino que López Simón pensará que sus dos puertas grandes de este año en Las Ventas son su mayor salvoconducto para enfrentarse a todo lo establecido. Pero cuidado torero porque a pesar de que no es nada fácil abrir esa puerta y menos en dos ocasiones en un mismo año, ninguna de las dos salidas a hombros ha tenido la rotundidad necesaria como para exigir tanto en tan poco tiempo. Que sí, que en la tarde del 2 de mayo hubo mucha heroica, valor y un torero herido que se quedó en la arena con una cornada para despachar a su segundo oponente. Pero como digo, tanto esa puerta grande como la siguiente en plena Feria de San Isidro fueron cuestionadas por parte de la afición madrileña. De hecho, se le concedió alguna que otra oreja después de pinchar a espadas y de marrar con el descabello. En las antípodas de esta actitud tan hermética se encuentra por ejemplo el caso de Morenito de Aranda, un torero que sí abrió con rotundidad la puerta grande de Madrid y que se está dejando contratar con cierta facilidad, siempre y cuando la dignidad en los contratos que le ofrecen vaya por delante. Como digo, creo que López Simón se equivoca en las formas y en parte del fondo. A pesar de sus triunfos en Madrid debe rodarse por cuantas más plazas de segunda e incluso de tercera pueda. De repente ahora no puede pretender torear sólo en plazas de primera y donde haya muchísimo dinero en juego. La situación no está para ello y aparte no lo permite. Todos los toreros con cierto ambiente han ido a todo tipo de plazas, siempre y cuando haya sido en unas condiciones dignas, a pesar de no ganar tanto como podrían pretender. El coger experiencia y oficio es algo imprescindible para un torero que lleva un cuarto de hora en esto. Y el permitir que te vean tanto en Madrid como en Tomelloso, por ejemplo, es algo que siempre han hecho las figuras del toreo. En Bilbao, por ejemplo, no está y lo peor es que no ha quedado claro el porqué de su ausencia. Como digo, hay que tener cuidado con estas cosas. Dicen que cuanto más se sube más fuerte es la caída y en este difícil mundo del Toreo es mucho más fácil caer que subir y mantenerse. Y es que para esto último hay que ser muy grande.

miércoles, 24 de junio de 2015

Un mundo dentro de otro mundo...

Sé que ya pasó San Isidro y que todo lo que se diga de vueltas sobre la Feria vale poco porque sencillamente se ha dicho todo ya. No es mi intención cansarte con lo que has leído una y otra vez durante todos estos días. Y no lo voy a hacer porque voy a hablar de otra cosa. De algo más hondo, más espiritual si cabe. Y como ahora mismo es domingo por la tarde y los domingos por la tarde no me gustan porque me ponen triste y nostálgico -siquiera porque recuerdo mi época del colegio en la que un domingo era el anticipo de una semana larga, sacrificada y poco divertida-, pues me he puesto a reflexionar. Pero a reflexionar con la sensibilidad que te da un domingo por la tarde y no cualquier otro día. El caso es que cavilando, me he dado cuenta aún más si cabe de lo grande que es nuestra Fiesta. Me explico. Todos los años, cuando llega la Feria de San Isidro, me dejo caer tres o cuatro veces por la plaza de Las Ventas para ver en vivo y en directo algunas de las corridas del serial. Suelo hacerlo cuando el trabajo me lo permite, claro está, y como yo soy un tipo al que le gusta disfrutar de todo minuto a minuto, cojo mi coche y bien temprano me voy para los madriles. A eso de las diez de la mañana ya estoy allí para sacar mis entradas, una para la corrida y otra para el apartado. Hasta el comienzo de éste, tomo café y paseo por la plaza viendo el trajín de los fotogénicos turistas y observo los quehaceres de los pícaros e insistentes reventas. Me divierte, no lo puedo remediar. Tras el apartado cojo el metro, me voy al centro de la ciudad y me pierdo por sus callejuelas. A eso de las dos de la tarde como por allí y sobre las cinco y media me voy para la plaza de nuevo. Pero he aquí que durante esas horas desde que llego a Madrid hasta que empieza la corrida, el trajín y las prisas de una ciudad tan grande turban mi ánimo. Gente, gente y más gente. Tiendas, bares y más tiendas. Iphones, tablests, juventud desconectada del mundo y enchufada a una red que les aparta de este mundo. Pocos miran al frente y sí a una estúpida pantalla que les sorbe el seso cada vez con más virulencia. Chicos y chicas modernos, hombres y mujeres con maletines y raya diplomática. Despreocupación, humo de coches y de tabaco, autobuses que te arroyan, taxistas que van como rayos, pitidos de coches, insultos desde la ventanilla de un vehículo porque alguien ha osado adelantar y cruzarse muy rápido. Olor a perfumes caros. Chinos haciendo fotos. Más chinos haciendo fotos. Pero de repente todo cambia. Llego de nuevo a Las Ventas y lo que tengo delante deslumbra mi vista. El monumento tan brutal que se extiende delante de mí ya me hace cambiar el chip. Pero no. Aún no lo cambia del todo. Allí también hay prisas, gente bien vestida y personas que nunca serán lo que pretenden aparentar. Huele a puro. Se acerca la hora. Gin-tonics, saludos efusivos entre aficionados y más gin-tonics. La corrida va a empezar. Suenan clarines y timbales. Rompe el paseíllo. Sale el primer toro y algo sacude mi cuerpo: esto es otra cosa. Aquí ya no hay prisas. Aquí ya no hay mentiras. Sólo verdad. Sólo autenticidad. Es paradójico el cambio que puedo percibir en ese momento y que no llego a comprender. Unas horas antes he estado en un mundo y ahora estoy en otro. Aquí ya no hay prisas ni tecnologías que secan los cerebros. Aquí hay hombres que en mitad de una urbe cosmopolita y demasiado moderna que no quiere ni oír hablar de la muerte se van a jugar la vida de verdad. Sin trampa ni cartón. Sobre esa arena hay un animal mitológico que puede dar la gloria y el fracaso en unos minutos. Que te puede encumbrar o que te puede matar. Fuera de esa plaza sólo hay prisas, tecnología y egoísmo. Sobre la arena sólo hay verdad y muerte. El contraste imposible. Dos horas de autenticidad, de metáfora de una vida que por desgracia ya no tenemos y que un día fue nuestra. Dos horas de valores que nuestra sociedad perdió hace mucho tiempo y que ya nunca va a recuperar. Dos horas de terapia sobre la vida y su realidad. Sobre su gloria y su muerte. Sobre el sacrificio de alguien que está dispuesto a dejarse matar por un sueño. Fuera todos tienen sueños, pero nadie muere por ellos. La muerte no existe. Sólo hay ruidos, prisas y móviles buenos. Sólo hay fachada y pocos sentimientos. En pleno 2015 todavía quedan hombres con arrestos, hombres de verdad que nos dan una lección tarde tras tarde. Algo que no encontramos en las grandes tiendas ni en las calles del centro de una ciudad cuyo lema es "de aquí al cielo". Craso error. De Las Ventas al cielo, diría yo. La Tauromaquia es un ejercicio de vida, una escuela de la verdad. Algo de lo que rehúsan las nuevas generaciones porque simplemente no les cabe tanta autenticidad en sus cerebros petrificados por el Internet y las megas de descarga. El toro no entiende de esas cosas. El toro entiende de verdad y de valores eternos que ya sólo tienen y mantienen unos pocos. Las Ventas es un mundo auténtico dentro de otro mundo vulgar, rápido, egoísta y monótono. Lo peor de todo es que la gente seguirá mirando a sus pantallitas y seguirá sin darse cuenta de lo que pasa ahí dentro, en esa arena regada con la sangre de los hombres de verdad. No hay más ciego que el que no quiere ver.

viernes, 12 de junio de 2015

Aquí no hay tontos...

Que no. Que no son tontos. Que los hijos de los principales ganaderos de bravo de nuestro país no son tontos. Y es que ya llevamos tiempo observando que cada vez salen más toros bravos en cualquier ganadería, no sólo en las denominadas "toristas". Sólo así se explica que en la reciente Feria de San Isidro haya habido un cierto cambio de papeles. Me explico. Yo, que me considero un amante a ultranza del toro bravo, he podido ver con incredulidad como casi ninguna de esas ganaderías consideradas duras han funcionado esta Feria en Madrid. Algún que otro toro suelto pero sin terminar de rematar. ¿Por qué? Pues porque el secreto de la bravura no lo tiene nadie en propiedad. Sin embargo, ha habido varias corridas de toros de las llamadas "comerciales" que han dado un gran juego y que han derrochado bravura a raudales. No voy a hablar del toro "Agitador" de Fuente Ymbro, cuyo juego fue sensacional, ni de "Lenguadito" de El Torero, gran toro también, ni siquiera de "Jabatillo" de Alcurrucén, el cual se ha llevado el premio al mejor toro del conjunto de la Feria. Voy a hablar de la corrida de Juan Pedro Domecq y de la de Parladé, que como bien sabéis las dirige el mismo ganadero: Juan Pedro Domecq Morenés. Dos corridas bravas y fieras en su conjunto, una de las cuales nombrada la mejor corrida de la Feria -la de Juan Pedro-. Este hecho debe hacer reflexionar a los aficionados más exigentes, y a aquellos que, por suerte cada vez menos, prejuzgan a tal o cual ganadería por el hierro que lleven sus toros en el lomo. Yo me considero un aficionado muy exigente, siempre lo he sido, y en más de una ocasión he prejuzgado sólo porque una ganadería llevaba tal o cual hierro o era de tal o cual encaste. Pero ese no es el camino y por suerte me di cuenta de ello hace mucho tiempo. A pesar de que mis ganaderías predilectas sean de corte "torista", he de rendirme a la evidencia. Y la evidencia me dice que hoy en día un toro bravo y fiero puede salir en casi cualquier ganadería. Llevo tiempo viendo fiereza y bravura en muchos toros de Victoriano del Río, Juan Pedro Domecq, Parladé, Fuente Ymbro, Núñez del Cuvillo, Alcurrucén, Jandilla o Daniel Ruiz, por poner algunos ejemplos. También veo esa bravura y fiereza en toros de Victorino Martín, Adolfo Martín, Cuadri, Baltasar Ibán, Dolores Aguirre, Cebada gago, Miura... A donde quiero llegar a parar es a la conclusión de que hoy en día casi ningún ganadero es lelo. Y sobre todo, hay una hornada de hijos de ganaderos ilustres que no tienen ni un pelo de tontos. Pero ni uno. A todos esos hijos de ganaderos importantes les gusta el toro bravo y fiero que se quiere comer la muleta. Y no lo digo yo, lo dicen sus toros con lo que hacen en el ruedo. Juan Pedro Domecq hijo -al que cada día admiro más-, los hijos de Victoriano del Río, Adolfo Martín hijo, Victorino hijo, Daniel Ruiz hijo, Los hijos de los Lozano, Justo Hernández, Álvaro Núñez del Cuvillo, Eduardo Miura hijo, Isabel Aguirre, José y Salvador García Cebada, Ricardo Gallardo, Borja Domecq... A todos les gusta el toro bravo de verdad. Todos buscan ese toro que pelée en el caballo y que aguante cincuenta muletazos por abajo. Y lo buscan porque saben que es el único toro posible que hace que esto no se vaya al garete. El toro de hoy en día es el más bravo de todos los tiempos, y lo es porque las exigencias de la Tauromaquia moderna así lo ha pedido. Cada vez se torea más largo y más por abajo. Cada vez se le exige más al toro. Cada vez el aficionado le pide más al toro, y eso sólo se consigue creando un animal bravo de verdad. A lo largo de la historia ha habido ganaderos que han especulado mucho con la bravura. Se me ocurre el tan famoso "toro artista" que puso de moda en su día Juan Pedro Domecq padre, ese toro noble y flojo que seguía la muleta de una forma que aburría a todo el mundo. O ese toro blandito que tanta fama le dio a Daniel Ruiz padre en su debut en Madrid y que siguió criando muchos años a petición de las principales figuras del toreo porque precisamente les encantaba esa embestida insulsa y carente de toda emoción y peligro. Sinceramente creo que esa época ha pasado a la historia y que los hijos de aquellos ganaderos que en su día especularon con la bravura tienen otra idea en la cabeza de lo que es un toro bravo. Como digo, no son tontos y saben que el único toro posible que esté a la altura de las exigencias del poderoso toreo que se hace hoy en día y que además divierta al público y no aburra, es el toro bravo y fiero. ¿Alguien se imagina a un Juli, a un Perera, Talavante o Castella con un toro insulso? Ese toro les quitaría más que les daría. De largo además. El toro es la base de la Fiesta y si además es bravo y fiero todo tiene más importancia. El torero con ese tipo de toro sí que es un héroe. El torero con ese tipo de toro brilla mucho más. Lo único que le faltaría a nuestra maltrecha y discutida Fiesta hoy en día sería una sucesión contínua día sí día también de toros extremandamente nobles, mansos y flojos. Las plazas se vaciarían en un santiamén y esto moriría de inanición. Por desgracia, Morante no hay más que uno para ver algo con ese tipo de animal. Por tanto, creo que casi todos los ganaderos están en el mismo barco. O al menos la excelente generación de nuevos ganaderos que están tomando las riendas de las más importantes ganaderías de nuestro país. Como digo, no son tontos. Y es que la necesidad al final siempre se convierte en virtud...

viernes, 29 de mayo de 2015

Recompensas y disgustos...

Cada vez me sorprendo más de lo poco que valen los triunfos de los toreros hoy en día. Y triunfos no en cualquier parte -que en casi todos los lados antes también valían gracias al boca a boca-, sino en la mismísima plaza de toros de Las ventas de Madrid. ¿Por qué? Hay varios factores... Está claro que la crisis económica general y del sector taurino en particular ha provocado una bajada considerable del número de espectáculos taurinos. Cierto es que hay demasiados novilleros y matadores de toros en el escalafón y que todos no pueden torear cincuenta tardes al año. Admito también que las siete u ocho primeras figuras del toreo actual tienden a anunciarse casi siempre juntos y cerrar de esa manera los carteles a ciertos jóvenes que están triunfando y que vienen con la escoba. Por otra parte, es también claro y notorio que los empresarios de ciertas plazas de primera y segunda categoría con pocos festejos en su abono intentan asegurarse el éxito y los llenos contratando sólo a esos ocho o diez toreros que mandan en el escalafón. Que conste que no tengo nada en contra de esas ocho o diez figuras del toreo. Siempre he pensado que, salvo muy contadas excepciones, están ahí por méritos propios. Vamos, que están ahí por algo. Algo que quizás otros muchos no han podido conseguir por más oportunidades que les hayan dado. El problema es que sí existe una baraja de toreros que han triunfado ni más ni menos que en la primera plaza del mundo y que no están viendo resultados a corto plazo en forma de contratos. Si excluimos Pamplona, cuyos organizadores de su feria son los únicos que cuentan año tras año con los triunfadores reales de la Feria de Abril de Sevilla y de San Isidro en Madrid, muy pocas plazas, por no decir ninguna más, le siguen los pasos. Y es que lo que subyace en todo este problema es una falta clara y evidente de valores. Actualmente nos encontramos en una sociedad sin valores, donde el triunfo real y a carta cabal se menosprecia, donde se subestima el éxito de cualquier persona en cualquier campo laboral. El mundo se ha convertido en una competición constante entre avariciosos y envidiosos, y eso nos está haciendo mucho daño. ¿Que cómo? Pues impidiendo el desarrollo hacia la excelencia de cualquier sector de la sociedad, incluido el taurino. Sólo así se explica que toreros que en otra época ya se habrían puesto en figuras del toreo no lo hayan hecho. Sólo así se explica que toreros con recientes triunfos en Madrid no tengan ya firmadas cincuenta corridas de toros y a su gusto, como ocurría no hace tanto tiempo. Pero no, ahora lo que se dice es que el triunfo de tal torero no vale porque las dos orejas no las cortó en la Feria, sino en la preferia, o que salir por la puerta grande de Las Ventas con una oreja de cada toro no vale, que tiene que ser con dos del mismo toro. Por favor..., ¿de qué estamos hablando? Cierto es que últimamente se están concediendo algunas orejas muy baratas en Madrid, pero otras son muy justas y a ley. Sepamos pues darle a cada cual lo que merece. Alberto López Simón abrió el pasado domingo por segunda vez en menos de un mes la puerta grande de Las Ventas. Esta última vez de forma exagerada al obtener una oreja del sexto toro que no debió cortar por pinchar en el primer intento al entrar a matar. Pero eso no debería privarle para salir lanzado de Madrid a todas las plazas por el poder y la disposición que ha demostrado, como debería suceder también con Eugenio de Mora o Morenito de Aranda, por nombrar algunos triunfadores recientes en la plaza de toros de la capital de España. Pero en vez de eso le buscamos los cinco pies al gato y les ponemos zancadillas. ¿Qué pensará el chaval que quiere ser torero? ¿Creerá que merece la pena meterse en este mundo tan injusto? ¿No están yendo los propios taurinos en contra de la Fiesta creando una imagen pobre y poco atractiva para las generaciones de toreros venideros? ¿Tanto nos jode el triunfo ajeno? La falta de valores no es el único problema. Si éramos pocos encima parió la abuela. A todo esto se suma ahora el nuevo rumbo político que ha tomado España tras las últimas elecciones. Nuestras autonomías se van a configurar en torno a pactos entre fuerzas políticas que no tienen precisamente un gusto especial por la Tauromaquia y cuyo objetivo en la mayoría de los casos es abolirla. Lo dicho, parió la abuela. Así que dejémonos de envidias malsanas y démosle a cada uno lo que se merece. Organicémonos, no sea que vayamos a acabar peor que el del consabido chiste de la famosa orgía. Y blindemos definitivamente nuestra Fiesta, no sea que al final nos vaya a pillar el toro, nunca mejor dicho...

lunes, 18 de mayo de 2015

Sí o sí...

Estoy cansado de escuchar que a los chavales que recién toman la alternativa hay que ponerlos sí o sí en los carteles con las figuras. Y yo me pregunto: ¿por qué? ¿Con qué motivo? ¿Así porque sí? A ver, pensemos un poco. Sí, sé que esos chavales son el futuro de la Fiesta, que sin ellos esto puede morir de abandono... En todo eso estamos de acuerdo. Lo que yo no comparto es la opinión de toda esa gente, entre los que se encuentran muchos periodistas y aficionados, de que hay que poner a cualquier precio a los jóvenes que acaban de tomar la alternativa con las figuras. Que quede claro que yo soy el primero que está en contra de que precisamente las figuras del toreo cierren sus carteles a los nuevos valores y se anuncien ellos juntos e inseparables en todas las plazas. Yo también quiero que se abran esos carteles, pero que se abran justificadamente y con cabeza. Por ejemplo: en las últimas semanas hay un empeño tremendo de mucha parte de la prensa y de la afición con que José Garrido entre en los carteles con las figuras. Y evidentemente no voy a ser yo quien se lo niegue. Es más, se está usando al chaval como bandera de una cruzada contra las figuras del toreo que no tiene ni pies ni cabeza. Resulta que a Garrido hay que ponerlo ya de matador de toros en los carteles con dichas figuras porque ha echado una buena temporada de novillero -cortó una oreja en Madrid, salió por la Puerta del Príncipe en Sevilla, se encerró triunfalmente con seis novillos en Bilbao...-. Sinceramente no lo creo. No creo que tenga que ser así. No creo que a un recién alternativado haya que ponerlo en los mejores carteles de las ferias sólo porque ha tenido una carrera exitosa como novillero. Seguro que estarás pensando que, claro, con mi forma de verlo nunca va a llegar un chaval a ser figura del toreo. ¿Y por qué no? ¿Acaso no ha habido casos de figuras del toreo consagradas cuyos primeros años de alternativa torearon más bien poco y en carteles modestos aun habiendo hecho grandes temporadas como novilleros? Claro que los hay. Y muchos. Yo soy el primero que piensa que las figuras deben de abrir sus carteles y permitir que otros toreros actúen con ellos. Pero toreros con una cierta solvencia y una experiencia más contrastada. Y doy nombres: Antonio Ferrera, Diego Urdiales, Eugenio de Mora, Morenito de Aranda, Paco Ureña, Curro Díaz, Iván fandiño, Jiménez Fortes, Alberto Aguilar, Juan del Álamo, Pepe Moral, Alberto Lamelas..., y muchos más como ellos en una situación parecida. Toreros que no desentonarían en un cartel de figuras y que podrían perfectamente resolver la papeleta, como de hecho ya han demostrado en más de una ocasión. Lo que no se puede es ilusionarnos con un novillero, darle la alternativa y querer meterlo ya en los mejores carteles. No amigo, primero hay que ganárselo, como todo y todos en esta vida. Siguiendo con el caso de Garrido en particular, hay quien se pregunta que a quién molesta este torero. ¿Sinceramente pensáis que Garrido le molesta a alguien? Yo particularmente creo que no, que los que están ahí arriba están por algo y que estos matadores de reciente alternativa no les durarían ni un asalto. El mismo Garrido sin ir más lejos se vio desbordado y por debajo del segundo toro de su lote la tarde de su alternativa en Sevilla, un animal de Juan Pedro Domecq bravo, complicado y fiero que le pidió los papeles. No nos engañemos: hoy en día pocos toreros pueden competir de tú a tú con esos ocho o diez que están en lo más alto. Y los que podrían son esos toreros de esa segunda fila que he citado antes, a los cuales no acaban de ponerlos con las figuras, no los recién doctorados, los cuales necesitan tiempo y contratos para madurar como toreros. Garrido, como otros de su generación -dígase Lama de Góngora, Ginés Marín, Álvaro Lorenzo, Varea, Gonzalo Caballero...-, tienen un futuro muy prometedor, pero un futuro que han de labrarse pacientemente. Muy pocos toreros han dado el salto de novilleros a figuras del toreo -sólo se me ocurre el caso de "El Juli" o el de Talavante más recientemente pero de distinta forma-. No queramos encumbrar tan pronto y convertir con nuestras malas decisiones a un chaval con futuro en un muñeco roto. Y lo más importante: no enarbolemos banderas sin sentido por el mero hecho de molestar por molestar. Y menos con chavales a los que podemos confundir llenándoles la cabeza de pájaros para luego estrellarlos con estrépito. Cuidado. Mucho cuidado.